Yara (Líbano -2018) Abbas Fadhel

Abbas Fhadel

   El director iraquí Abbas Fhadel, vuelve a la ficción tras su impresionante documental “Homeland, Irak año cero”. En su comparecencia ante la prensa que cubría el Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX56), donde Yara formaba parte de la sección oficial, Fhadel declaró que tras la traumática experiencia que supuso para él la realización de su documental sobre las consecuencias de la guerra vivida por su familia en Irak, necesitaba reconciliarse con la vida: “Tenía dos opciones, dejar de hacer cine durante un tiempo, o hacer algo que restaurara mi fe en la humanidad y la belleza”. Afortunadamente para nosotros los espectadores, Abbas Fhadel eligió la segunda opción.

Yara

   Ensoñadora poesía de lo cotidiano, naturalista y reveladora, Yara es una película tan sencilla y luminosa, como el hermoso valle de Qadisha (norte del Líbano) donde viven una joven huérfana de guerra y su abuela. La mayoría de los vecinos se han mudado a la ciudad, y los más viejos al descanso eterno del cementerio. Las casas abandonadas sucumben ante el empuje inexorable de la naturaleza, y el pueblo parece abocado a ser pronto, testigo mudo de un tiempo perdido en el olvido.

Yara (Michelle Wehbe)

  Los días transcurren con idéntica monotonía para la joven Yara: atender a los pocos animales que les sirven de sustento, lavar la ropa, tenderla al sol… No muy lejos de ella, sentada a la sombra de los árboles, su anciana abuela pierde su vista y sus pensamientos en la profundidad del valle: idílica postal repetida desde el principio de sus días.

   Un día, un joven que se ha perdido por los caminos de la montaña aparece por la hacienda. Basta el intercambio de unas simples palabras con Yara, unas tímidas y furtivas miradas, para que un amor juvenil y virginal brote espontáneamente con la misma naturalidad con la que crecen las flores silvestres en los verdes campos.

Michelle Wehbe (Yara) y Elías Freifer (Elías)

  Elías, que así se llama el joven, volverá un día, y otro día: la mínima excusa es suficiente para volver a encontrarse con Yara. Se suceden los paseos sin prisa y sin testigos: el sol acaricia los rostros candorosos de los jóvenes, sus cuerpos sienten el magnetismo de los imanes, sus manos se rozan mínimamente y aunque tímidamente se separan, quedan en ellas perladas unas gotas de éxtasis puro. La naturaleza esplendorosa y fértil que los rodea, es fondo edénico y alegoría del amor verdadero.

   Con una narrativa exenta de artificios, Abbas Fadhel deja que las palabras sencillas surjan de los protagonistas: la conversación se convierte en una excusa para alimentar ese amor incipiente. Pero como en todas las fábulas, por que Yara bien puede considerarse un cuento de amor juvenil, el drama surge como una nube repentina que amenaza con ocultar el sol. Elías desvela a Yara, que pronto tendrá que marcharse a vivir con su familia a Australia.

 

   La película del director iraquí trasmite tanta autenticidad que por momentos, uno tiene la impresión de estar asistiendo la proyección de un documental. A ello contribuye en gran medida la acertada apuesta de Fadhel de recurrir a actores no profesionales: todos los interpretes sin excepción debutan ante la cámara. Tan sólo Michelle Wehbe (Yara) y Elías Freifer (Elías) tenían alguna experiencia en interpretación, ya que estudian teatro en una pequeña escuela local. El resto de los actores no necesitaban ninguna instrucción para meterse en un personaje que llevaban desarrollando toda la vida. Además estaba el paisaje como compañero inseparable y protector contra la artificialidad: el valle de Qadisha es su casa: los árboles sus compañeros de juegos de sus infancias, y el horizonte una línea donde termina su mundo y comienza otro: antes lejano y misterioso, ahora poderosamente atrayente.

   El éxodo rural y el abandono de la forma de vida campesina, traen consigo una pérdida que no tardará el tiempo en volver irreparable: tradiciones, leyendas y costumbres populares, habitarán como fantasmas condenados a vivir eternamente entre el moho de unas piedras que un día fueron hogares. En una secuencia maravillosa, durante uno de sus paseos por el valle, Yara y Elías entran en una de las casas deshabitadas: mientras recorren sin prisa la estancia, comprobamos que muchas de las pertenencias de los antiguos moradores aun ocupan sus espacios habituales: retratos familiares, mobiliario, utensilios de cocina, parecen esperar a que sus dueños regresen en cualquier momento, y que sea el humo que brota de la chimenea el que anuncie al valle, que la vida continúa latiendo en el interior de los hogares.

  Otra cuestión no menos importante y que propicia una reflexión profunda en aquel espectador que busque algo más que dejarse llevar por la delectación de las imágenes, es la inteligente disyuntiva que Abbas Fadhel lanza al espectador: la obligación impuesta por las sociedades patriarcales a las mujeres, donde sus deseos y voluntades quedan siempre supeditadas a un plano secundario: ¿es lícito moralmente exigir la renuncia a una vida soñada, por atender las obligaciones familiares? ¿Si Yara cumpliera su deseo y se fuera a vivir con Eloy dejando a su abuela sola en el pueblo sería la suya una actitud deleznable? ¿O sería más egoísta la actitud de la abuela si exigiera a su nieta que renuncie a sus sueños y que viva supeditada a su atención? Por supuesto que existiría una tercera opción, que Eloy se quedara a vivir con Yara y su abuela, desoyendo la voluntad de sus padres, pero, no se porqué, se me antoja la más improbable de las tres.

   Es lo que tienen las películas sencillas, pequeñas y humildes, que a poco que rasques en su superficie verás la vida latir en su interior. El director iraquí aborda el proyecto asumiendo la autoría total y con la libertad de creación que tendría un pintor o un escritor: escribe, produce, filma, se encarga del sonido y de la edición.

  Estrenada en Locarno (2018), Yara formó parte de las secciones oficiales de festivales tan importantes como: Mar del Plata Film Festival (Argentina), Gijón International Film Festival, ó Carthage Film Festival (Tunez), y aún continúa viajando por el mundo.

   Si tienes la oportunidad de ver Yara en el cine, no la dejes escapar: aunque la acción transcurra es un escenario geográfico muy distinto al tuyo, tal vez te sientas muy identificado con la hermosa historia con la que Abbas Fadhel brinda por la vida.

 

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