Un blanco, blanco día( A White, white day) Islandia -2019 Hlynur Pálmason

Hlynur Pálmason

Le tocó en suerte al islandés Hlynur Pálmason inaugurar  la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX57). Un sábado a las cinco de la tarde parecía inicialmente una hora un tanto perezosa para que los espectadores acudieran en masa al teatro Jovellanos: nada más lejos de la realidad, 15 minutos antes de la proyección la sala estaba a reventar.  Sobre las tablas  del teatro, Pálmason que acudió a presentar su película y convocar a los espectadores para un coloquio posterior, miraba alucinado el abarrotado coliseo gijonés, mientras el público le dedicaba una calurosa ovación.

Un blanco, blanco día (Hlynur Pálmason, Islandia, Dinamarca & Suecia 2019).

Tras los títulos de crédito: una intrigante frase sobre el inmenso negro de la pantalla nos anuncia el viaje que estamos dispuestos a recorrer: “Cuando todo es tan blanco que ya no puedes distinguir entre el cielo y la tierra, la muerte habla con los vivos”.

Fotograma de «Un blanco, blanco día»

En un abrir y cerrar de ojos, pasamos del calor del Jovellanos a las gélidas tierras islandesas. Un automóvil circula por una estrecha y solitaria carretera: la niebla  es tan densa que por momentos el coche se convierte en un fantasma que aparece y desaparece ante nuestra vista. Un curva cerrada y el salto al vacío: el automóvil rompe la valla de la carretera y se precipita sobre el mar.

 La víctima del mortal del accidente es la esposa de Ingimundur (Ingvar Eggert Sigurðsson), exjefe de la policía local de un pequeño pueblo anclado entre el mar y las montañas. El dolor por la repentina pérdida se convierte en una carga insoportable para Ingimundur. Solo hay dos cosas que le sirven de alivio: las visitas de su adorable nieta Salka (Ida Mekkin)  y  la obsesiva renovación  de su casa: el director islandés nos muestra un plano del exterior del inmueble en distintas y consecutivas tomas,  alteradas únicamente por las formas cambiante de la casa y de las condiciones climáticas.

Demasiados días juntos, demasiados recuerdos: no hay reforma del hogar o terapia psicológica, a la que acude semanalmente, que alivie mínimamente  el desconsuelo de Ingimundur. Revuelve una y otra vez entre las pertenencias de su mujer esperando encontrar algo que haya preservado el mínimo rastro de su vida: tal vez en la ropa haya quedado impregnado su olor…  Mientras revisa unas cajas encuentra unas cintas de vídeo de su mujer: unas grabaciones cuya existencia él desconocía.  Su instinto de policía se reactiva, alimentado por un inquietante temor a que su mujer le hubiera sido infiel. El suspense se suma al drama y «Un blanco, blanco día» comienza a tomar forma de thriller.

Hlynur Pálmason, autor también del guión, utiliza el paisaje islandés como un personaje más de la película, otorgándole en determinados momentos un destacado protagonismo. La severidad climática del país nórdico refuerza  el carácter de los personajes e incrementa la atmósfera emocional de la trama.  La joven directora de fotografía sueca Maria von Hausswolff, quién ya había trabajado a las órdenes del director islandés en su primer largometraje «Winter brothers«, resuelve con efectividad y elegancia un trabajo sumamente exigente.

Ingvar Sigurdsson imprime una energía tan descomunal a su personaje  -ayudado por su  imponente físico y su adusta expresividad-, que por momentos tememos que el veterano policía estalle con la fuerza devastadora de un volcán, arrasando con todo lo encuentre a su paso. Pero el genial actor islandés nos da una lección interpretativa al interiorizar su aflicción, para dejar que sean su mirada y sus gestos contenidos, los que nos proyecten su angustiosa experiencia. Su interpretación ha sido premiada en Cannes, en Montreal, y está nominado a mejor actor en los premios de la Academia del Cine Europeo (European Film Awards).

Salka (Ida Mekkin)

La niña Ida Mekkin (hija real del director Hylnur Pálmason) conforma un perfecto contrapunto a la rudeza de Sigurdsson: su cara angelical y su alegría infantil son un bálsamo ante la tragedia. Acostumbrada a los rodajes de su padre, Ida se muestra ante la cámara con una naturalidad deslumbrante. Y no es que sea el suyo un trabajo plano y sin matices, exento de exigencia: los cambios temperamentales de su abuelo la obligan a pasar de la sonrisa al llanto desesperado, en un suspiro.

Fotograma de «A White, White Day»

«Un blanco, blanco día» ha sido elegida por la Academia del Cine Islandés para representar a su país en los Oscar de Hollywood (2020), y ya suma en el momento de escribir esta reseña mas de 25 reconocimientos entre premios y nominaciones. Hlynur Pálmason se une por derecho propia a la lista de interesantes directores islandeses que han surgido en los últimos años, y que acaparan el interés de los grandes festivales del mundo: Grímur Hákonarson (Rams), Dagur Kári (Corazon gigante), Rúnar Rúnarsson (Sparrows), Benedikt Erlingsson (De caballos y hombres), Guðmundur Arnar Guðmundsson (Heartstone, corazones de piedra), etc.

   En el encuentro que mantuvo con la prensa en Gijón, cuestionado sobre el gran momento que vive el cine islandés, Pálmason alababa la política cinematográfica de su país: «Tenemos el gran lujo de contar en mi país con un instituto que financia nuestro cine. Lógicamente, hay muchas más propuestas que se presentan de las que se pueden hacer y eso genera competencia, pero yo creo que es bueno y eso significa que hay muchas voces, muy diversas y muy interesantes»

Más información en su web oficial:
https://www.filmmovement.com/a-white-white-day

 

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