Lucky (EEUU- 2017) John Carroll Lynch

John Carroll Lynch

Siete días después de la muerte de Harry Dean Stanton (15/9/2017), en pleno duelo de la comunidad cinéfila mundial, el  Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX55) anuncia la participación en  su sección oficial a concurso de “Lucky”, testamento fílmico del genial actor de West Irvine (Kentucky). La tristeza por su desaparición queda ligeramente aliviada al tener la oportunidad de disfrutar de su segundo largometraje como protagonista (el primero fue “París, Texas”, de Wim Wenders) en una carrera de 63 años en Hollywood: más de 250 películas y 50 series de televisión.

Igualmente atractivo era presenciar el debut en la dirección, de otro gran secundario del cine hollywoodiense como es John Carroll Lynch (Cargo,  Gran TorinoShutter Island, Zodiac, etc.).

Harry Dean Stanton

Como era previsible, las mil doscientas butacas del Jovellanos se quedaron insuficientes: sobre las tablas del teatro, John Carroll Lynch miraba a la platea haciendo visera con su mano para protegerse del foco que le iluminaba, mientras con un gesto emocionado, alababa la belleza arquitectónica del centenario teatro gijonés, y daba las gracias  a un público que lo había recibido con una atronadora ovación. Unas breves palabras introductorias sobre la película y la invitación a quedarse tras el pase, para mantener un encuentro con el público.

Lucky

Una tortuga avanza lentamente en el tórrido desierto, el primer cigarrillo de la mañana , una ranchera que nos habla del paso del tiempo, los cinco ejercicios de yoga, un frugal desayuno, y la luz cegadora de un nuevo y luminoso día que dibuja la silueta en contraluz de un hombre que cierra tras de sí la puerta de su casa.  Los breves rótulos iniciales nos dan una pista de algo que tendremos que tener muy en cuenta: “Harry Dean Stanton is Lucky”.

Harry Dean Stanton

Lucky tiene noventa años y una salud extraordinaria para su edad. Vive sólo (pero no se siente sólo, como se encarga de aclarar en repetidas ocasiones) y su vida es una rutina sin la mínima alteración: paseo matinal hasta el café de siempre, la compra  en el supermercado, sus crucigramas, sus programas de televisión, la visita al pub cuando cae la tarde para tomar su Bloddy Mary, y la noche, que con suerte, traerá un nuevo amanecer.

Un día Lucky sufre un repentino desvanecimiento en su casa. Tras  las pertinentes pruebas, su médico de cabecera  (Ed Begley Jr.) recibe a Lucky en su consulta para darle los resultados. Todos los análisis están perfectos. Entonces, ¿qué explica su desmayo? : –Eres viejo, y te pones más viejo cada día le dice irónicamente el doctor.  –El cuerpo va a averiarse en algún momento. Hasta donde yo se, nadie vive para siempre.

Harry Dean Stanton y Ed Begley Jr.

Para un creyente,  la muerte es un tránsito necesario hacia una vida mejor: si fuiste bueno, te espera la vida plena y eterna. Pero, ¿cómo se enfrenta a la muerte un ateo?. Por que Lucky, en un ateo convencido y profeso: –Todo va a desaparecer. Tú,  tú, tú , yo, este cigarrillo, todo, en la oscuridad, en el vacío.

Un día, durante una entrevista, Harry Dean Stanton  respondió con estas palabras cuando le preguntaron sobre la muerte: “Cuando estás profundamente dormido y sin soñar, ¿dónde diablos estás?. Hay oscuridad total, no hay nada ¿verdad?. Así espero yo que sea la muerte, el fin de todo. No quiero tratar con ninguna conciencia después”.

Harry Dean Stanton

El hecho de no creer en Dios, no conlleva implícita la valentía de asumir con naturalidad la muerte, ni mucho menos te libera del miedo de enfrentarte a ella como el único acontecimiento ineludible de nuestra existencia. En la intimidad de su casa, Lucky confiesa a Loretta (la camarera del café donde para todas las mañanas, que le visita preocupada por su ausencia): –¿Te puedo contar un secreto? ¡Tengo miedo!

Sobre la mesa del salón de Lucky, al lado del mando a distancia de la televisión y el cuaderno de crucigramas, hay un teléfono rojo que Lucky utiliza cuando necesita hablar con alguien (en ningún momento sabremos quien está al otro lado de la línea). Una noche, al apagar un cigarrillo, su mirada se cruza con un retrato suyo de cuando sirvió en la armada, e inesperadamente un recuerdo emerge desde la profundidad de su memoria. Descuelga el teléfono y marca un número: su misterioso amigo le escucha:

Harry Dean Stanton

Cuando era niño vivía en Kentucky, tenía un rifle de aire comprimido.  No disparaba derecho. Un día estaba afuera disparándoles a las cosas, árboles, hojas. Y había un ruiseñor en un árbol cantando a viva voz. Y… apunté mi arma solo para espantarlo, apreté el gatillo… Y el canto cesó. Fue el momento más triste de mi vida. El silencio que arrojó al mundo fue devastador. No había pensado en ese pájaro desde que era niño.

La interpretación de Harry Dean Stanton es sencillamente extraordinaria: el hecho de que el guión que elaboraron Logan Sparks  y Drago Sumonja se base en su  vida real, en su manera de ser, en su forma de entender el mundo y de relacionarse socialmente, no le resta un ápice de merito al genial actor. El excéntrico y pelicular rostro de Harry tiene una transparencia y una verdad, que pocos actores han sabido transmitir. David Lych lo explica con absoluta claridad en el documental de la directora suiza Sophie Huber, titulado “Harry Dean Stanton, mitad ficción”:

-…Tiene una cualidad: dice una frase y se convierte en realidad. Y lo que hace entre frase y frase… ¡es increíble! Si te fijas, mucha gente en realidad no escucha, no están metidos en el papel. Se nota que están pensando en la siguiente frase. Harry no: a él lo ves entre líneas… está ahí.

Harry Dean Stanton

Un de los grandes aciertos del guión es la huir del sentimentalismo, ni siquiera el dramatismo al que nos asomamos ligeramente, como aquel quien mira de reojo el precipicio desde lo alto de un acantilado, consigue producirnos desasosiego: ahí está el humor  inteligente e irónico, presente en gran parte de la película, para poner un justo contrapunto al drama. Como en esa delirante escena en el pub, cuando David Lynch  (íntimo de Lucky en la ficción, y de Harry en la realidad) comenta a sus contertulios, que su tortuga  Roosevelt se ha escapado: –sigo pensando en cuanto tiempo planearía su escape.

John Carroll Lynch comparecía al termino de la proyección de Lucky en Gijón, con una gran sonrisa en su cara: se le veía feliz y así lo demostró derrochando simpatía en   un encuentro con el público de más de una hora de duración.

John Carroll Lynch en Gijón

Así supimos que Lucky era Harry; que muchas de las frases y secuencias de la película son copias exactas de testimonios y experiencias de Harry; que profesó hasta su muerte un ateísmo inquebrantable; que fumaba un paquete de cigarrillos al día, y que debido a su dependencia del tabaco, había renunciado a viajar en avión en distancias que tuvieran una duración superiores a una hora; que realizaba sus cinco ejercicios de yoga al día; que le apasionaban las rancheras… etc. etc. etc.

-¿Por qué una película sobre la muerte?-le preguntó un espectador. –No es una película sobre la muerte, sino sobre la vida–, respondió con su eterna sonrisa Carroll Lynch. -… y de como nos enfrentamos a la muerte-. Le sobraban argumentos y experiencias suficientes para tratar el tema: el director ha superado un cáncer de próstata, su madre ha fallecido recientemente, y Harry Dean Stanton sabía que la parca le susurraba al oído una ranchera invitándole a unirse al coro.

La mala suerte quiso que Harry nunca pudiera ver estrenada la película: un día de septiembre de 2017, “le sonrió a la muerte”. Si habéis visto la película, sabéis a que me refiero, y aun no la visteis, lo sabréis cuando el genial Harry Dean Stanton os mire directamente a los ojos. No le perder la pista: “Lucky” lo tiene para convertirse en una película de culto, para mí ya lo es.

Sólo me queda dar las gracias a John Carroll Lynch por regalarnos esta auténtica joya, y a Harry Dean Stanton porque a pesar de su ateísmo, tendrá la enorme gentileza de resucitar cada vez que veamos una película suya ¡Qué grande es el cine!

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