Brexit -Una guerra incivil (Película TV) UK -2019

Toby Haydes (foto: Amazon Stud)

   El pasado lunes 7 de enero de 2019, a las 9 pm, el Channel 4 (Reino Unido) lanzaba a sus espectadores un misil catódico capaz de convertir sus mentes en una pista de baile frenética de neuronas.   No era para menos, la cadena inglesa estrenaba en horario de máxima audiencia la primera película de ficción sobre el Brexit. Al mando de la tripulación, un trío de lujo: a la dirección Toby Haynes (Black Mirror, Sherlock- serie), el dramaturgo especialista en argumentos políticos James Graham al guión, y un extraordinario Benedict Cumberbatch (nominado al Oscar por Descifrando Enigma) dando vida a Dominic Cummings, máximo responsable de la estrategia de campaña Vote Leave, grupo multipartidista creado para sacar al Reino Unido de la Unión Europea.

Benedict Cumberbatch

   En una de las primeras secuencias del telefilm, el asesor político Cummings sentado en el interior de una despensa (su particular espacio de aislamiento) mira directamente a la cámara y le habla al espectador: – Todos saben quién ganó. Pero no todos saben cómo.

    La acción comienza 275 días antes del referéndum, cuando el diputado conservador Douglas Carswell (UKIP) y el asesor político Matthew Elliott, mantienen un encuentro secreto en una de las salas del museo Tate Britain de Londres: el Vote Leave se pone en marcha. Sarcásticamente, el director Toby Haynes sienta a los dos actores en un banco frente a la pintura de John Singleton Copley titulada “La muerte de Major Peirson”, héroe y mártir de la resistencia británica durante la invasión francesa a la isla de Jersey (1781).

   Ellos se convertirán ahora en los héroes del Brexit, pero necesitan un perro de presa, alguien que de la cara y se la parta si fuera necesario por el bien de la campaña, y Elliott conoce a la persona adecuada: Dominic Cummings, director de la campaña contra el euro durante unos meses de 2002 (renunció ante las continuas injerencias de los políticos a los que consideraba unos incompetentes en la materia) Tras una inicial negativa -juró no volver a poner nunca un pie en Westminster-, la promesa de Carswell de otorgarle plenos poderes, termina por convencerle.

   La gran novedad de la campaña se basa principalmente en la orientación de sus mensajes y eslóganes hacia aquellos que no tienen una clara intención del voto, incluso más ambicioso aun, conseguir que los abstencionistas insurrectos acudan al referéndum y marquen en la papeleta la casilla de: Leave the European Union (abandonar la Unión Europea)

   En un parque de Londres, Dominic tiene un encuentro con Zack Massingham (presidente de la consultora de análisis políticos y tecnología AggregateIQ) del que surgirá la maquiavélica estrategia que los llevará a la victoria: “la utilización de algoritmos de internet (Facbebook, Twiter, etc.) para el enfoque selectivo de la población. Los algoritmos aprenden de nuestro comportamiento, nuestra psicología, nuestro estado emocional. Estas plataformas saben lo que nos preguntamos, lo que nos impide dormir, adonde vamos, con quién vamos, y con eso el sistema puede hacer predicciones, y son tan exactas, que da vergüenza. ¿Por ejemplo? Facebook sabe cuando se terminó el amor entre una pareja. 2.000 millones de personas alimentando sin parar la base de datos todos los días, forman patrones, conductas que se solapan. Eso significa que se puede diseñar y distribuir miles de anuncios que cambian en función de a quién van dirigidos.”

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    Con una estructura narrativa en forma de suspense, una dirección enérgica y un montaje vibrante, el director Toby Haynes consigue despertar el interés del espectador y mantenerle en vilo durante los 90 minutos de metraje. Si además cuentas con un actor de la talla de Benedict Cumberbatch el éxito está más que garantizado: ¡el magnetismo de este hombre no es de este planeta! ¡Se come literalmente la pantalla!

  No hace falta que tengas un interés especial por la política para ver Brexit -Una guerra incivil, básicamente porque su interés ni es dogmático ni partidista, incluso podríamos decir que la película no es esencialmente política, sería mas justo decir que estamos ante una denuncia sobre el control y la manipulación al que los ciudadanos estamos sometidos. Haynes nos muestra las cartas marcadas de una partida perdida, y nos lanza una advertencia sobre la que es muy conveniente reflexionar: cuanto más sepan de ti, más herramientas tendrán para manipularte.

    Los más importantes medios de comunicación británicos respondieron con críticas excelentes, todos excepto “The Guardian” que la tachaba de superficial e irresponsable: “En una era asediada por la desinformación, era deber de los creadores de este drama del referéndum no sumarse al caos”.

   No entiendo muy bien esta crítica, pues aunque las acusaciones y las denuncias sobre la filtración de los datos personales de los habitantes de la “aldea global” están aun sobre la mesa de los abogados, la comparecencia del creador de Facebook reconociendo los hechos, legitima la película de Toby Haynes (licencias narrativas al margen) y la convierte en necesaria: más que contribuir a la confusión lo que hace es informar y advertir al espectador de la manipulación a la que puede ser sometido. Black Mirrow ya es más realidad que ficción.

   Los debates sobre el Brexit siguen copando la actualidad política europea, el 19 de Marzo de 2019 (fecha prevista para la salida de la Unión Europa) está a la vuelta de la esquina. La primera ministra Teresa May parece estar contra las cuerdas, y ya se comienza a plantear la posibilidad de convocar un segundo referéndum. ¿Qué ocurrirá al final? A nosotros nos toca esperar para conocer un desenlace, que a buen seguro los demiurgos de los algoritmos ya conocerán sin el mínimo margen de error.

Benedict Cumberbatch

   La película puede verse en la plataforma de pago HBO, o si preferís seguir la ética de muchos políticos, podéis descargarla gratuitamente en cualquiera de las múltiples páginas que circulan por este insondable e inmisericorde agujero negro que es Internet. Yo creo que es de visión obligada: ¡luego no te quejes de que nadie te advirtió!

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