Tumbuktu (Tombuctú) 2014 -Mauritania – Abderrahmane Sissako

Abderrahmane Sissako

 

cartel apaisado 2

 

 

 

 

 

 

SINOPSIS

   Kidane, su esposa Satima y su pequeña hija Toyahaima, viven en un jaima entre las dunas del desierto del Sahara, no muy lejos de Timbuktu (Tombuctú). Son los últimos pastores nómadas que quedan en la zona. Todas las demás familias han huido por miedo a los yihadistas que han tomado la ciudad. Con su intimidante presencia, los soldados patrullan las calles de Timbuktu proclamando a los cuatro vientos las nuevas leyes integristas: las mujeres deben de cubrir su cabeza y su rostro con un pañuelo, deberán de usar guantes para ocultar sus manos, calcetines para sus pies, queda terminantemente prohibido fumar, jugar a futbol, cantar o escuchar música. Tribunales improvisados dictan sin más ley que la sharia, sentencias absurdas y trágicas. Todo aquel que desobedezca el nuevo orden será castigado públicamente.pelea

    En la soledad del desierto, Kidane disfruta una libertad inimaginable en la ahora triste ciudad de Timbuktu. Ajeno a los sometimientos de los yihadistas, la familia descansa en la jaima mientras toman el te, tocan la guitarra y entonan las viejas canciones de sus antepasados. Kidane está contento, su vaca GPS está apunto de parir. Con la cría que nazca ya tendrá un rebaño de ocho vacas. Pero sus sueños son interrumpidos bruscamente por una triste realidad: Issan, el joven pastor que ayuda a Kidane con el rebaño, viene llorando, desesperado. Amadou el pescador, ha matado a GPS, después de que la vaca rompiera accidentalmente una de las redes de pesca dispuestas en el lago. Kidane coge su pistola y la guarda en el interior de su túnica: irá a pedirle cuentas a Amadou. Satima, temerosa de que la situación desencadene en una tragedia, le ruega a su marido que no vaya armado. Pero la decisión de Kidane es determinante: -Lo que tiene que ser será. Nadie escapa a su destino-.

sissalo y kessel

Abderrahmane Sissako y Kessen Tall

 

UN GRITO EN EL DESIERTO

   Una gacela huye despavorida entre las dunas del desierto, sus enormes saltos zigzagueantes parecen concebidos para evitar las balas de los fusiles de asalto que desde un todoterreno le lanzan un grupo de yihadistas. De esta forma tan impactante y brutal, comienza la película del director mauritano Abderrahmane Sissako. La metáfora visual es tan explícita que no puede conducirnos a erróneas interpretaciones: “Timbuktu” es un grito contra la sinrazón de los fanatismos y la crueldad de las guerras, es una llamada desesperada de denuncia ante todos los totalitarismos, encarnados en este caso por el Yihadismo islámico, que como una tormenta en el desierto, va cubriendo de arena el norte del continente africano.

   Es muy importante que el autor de esta película sea musulmán, mauritano de nacimiento y maliense de adopción. Estas particularidades le confieren plena autoridad para ilustrarnos sobre lo que está ocurriendo en los países del Magreb y el Sahara Occidental. La decisión de rodar “Timbuktu” la tomó después de ver en internet, la imagen de la lapidación de una pacosoareja por cometer el “terrible crimen” de estar viviendo juntos sin estar casados. -¿Qué puede hacer un artista en el momento en que la humanidad está siendo acosada por hordas filisteas y destructivas?- Reflexiona Sissako, que ya ha visto como su película ha sido retirada de varias salas comerciales en Bélgica, después de los terribles asesinatos de los trabajadores de la revista satírica francesa Charlie Hebdo. Los exhibidores cinematográficos han tenido miedo que “Timbuktu” pudiera desencadenar la ira de radicales islamistas.

   El músico y actor Ibrahim Ahmed, es uno de los actores principales de la película. En una entrevista reciente para TVE, declaraba: “Cuando acepté mi papel en esta película era consciente de lo que hacía. Si empiezas a pensar que pueden matarte no puedes vivir. Lo acepté porque creí que era mi deber, mostrar este país, el Sahel, las gentes entre las que nací y mostrar que mi personaje, Kidane, está al margen de la política”.

   Mali nunca ha sido un país integrista. Aunque el 90% de la población es musulmana, jamás habían existido problemas de convivencia entre los distintos credos. De hecho, la constitución establece que Mali es un estado laico, garantizando con ello la libertad de elección religiosa. Las festividades cristianas, al igual que las musulmanas, están reconocidas oficialmente y se celebraban sin ningún tipo de problema. Las mujeres participaban en actividades económicas, sociales y políticas, y generalmente no utilizaban el burka.

   La prohibición de la música por parte de los yihadistas, supuso un duro golpe para los sufridos habitantes de Timbuktu. Las tradiciones musicales malienses derivan de los griots (o Djeli), conocidos como “Guardianes de la memoria”, que ejercen la función de transmitir la historia de su país. tocando en casaSilenciando la música, cercenan el pasado de un pueblo, y así, es más fácil someterlo a esa nueva y anacrónica realidad que impone la sharia integrista. Sissako pone el acento en ello, mostrando en repetidas ocasiones, una inteligente forma de insubordinación: patrullas de soldados recorren al anochecer las calles de la ciudad, buscando como sabuesos que olisquean el aire, la procedencia de unos acordes clandestinos. Pero, ¿qué ocurre cuando las canciones que cantan son de carácter religioso?. ¿También es pecado? Confuso, un soldado llama a su superior para consultarlo.

   El guión de Timbuktu, firmado por el propio Sissako y la joven guionista Kessen Tall, es un tejido de subtramas que van alimentando una trama principal: la indefensión de un pueblo ante la barbarie y el sometimiento. No precisa de acciones violentas para mostrar la sinrazón, exceptuando una secuencia en la que vemos el triste final de una lapidación pública. El director mauritano sabe hacer cine del bueno, y lo demuestra regalándonos momentos de una poética y una sensibilidad exquisita. ¿No se puede jugar al futbol? Pues unos jóvenes disputan un partido sin balón. Una excéntrica mujer pasea por las calles de Timbuktu con un vestido de enorme cola: sobre su hombro lleva una gallina. Intercepta el paso de un vehículo de Yihadistas, mientras les habla del gran terremoto que la partió en mil pedazos. Si lafutbol yihad pretende desprenderse de los pecaminosos símbolos de occidente, Sissako nos muestra la incongruencia de los invasores; su dependencia de los teléfonos móviles, de sus vehículos 4×4, incluso de las cámaras de vídeo que utilizan para grabar los mensajes destinados a atemorizar al mundo. Un yihadista fuma a escondidas, pero como le dice su chofer: -para que te escondes, todos saben que fumas-.

   La hermosísima fotografía de Sofiane El Fani es un regalo para los ojos. Este operador tunecino ya nos demostró en la espléndida “La vida de Adèle”, su pericia para la composición visual, para la captura precisa de atmosferas en exteriores, y la hermosa plasticidad que confiere a los cuadros interiores. En Timbuktu crea imágenes de una belleza cautivadora.

    No podía el apartado musical estar en disonancia con el resto del conjunto artístico, y por supuesto, no lo está. El tunecino Amina Bouhafa compone una banda sonora, sutil y persuasiva. Escuchando esas notas sublimes, esa música embriagadora, uno se pregunta el grado de estupidez tan grande que hay que tener, para creer que la música puede corromper la integridad moral de las personas. ¡Hay que ser zoquete!

gallina    Abderrahmane Sissako se ha ganado con creces un puesto de honor en la nómina de los mejores directores africanos de la historia. La lista desgraciadamente no es muy larga, occidente nunca ha estado interesado en conocer la realidad del continente africano, salvo que la propuesta tenga producción europea o norteamericana y que lleve bien visible la etiqueta de exotismo. Ousmane Sembene , Souleymane Cissé , Idrissa Ouedraogo, Djibril Diop Mambéty o Mahamat-Saleh Haroun, son nombres de directores que no podrían faltar en toda videoteca que se precie. Abderrahmane Sissako está en la terna final de los Oscar 2015 a la mejor película de habla no inglesa. A lo mejor los académicos hollywoodienses nos dan un sorpresa y convierten a Sissako, en el primer director mauritano en levantar la estatuilla.

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