Tanna (Australia- 2015) Martin Butler y Bentley Dean

Martin Butler y Bentley Dean (los pálidos)

Sinopsis

   Desde el principio de los tiempos, los líderes tribales de la isla de Tanna, han oficiado matrimonios concertados según los mandatos del Kaston (costumbre). Pero dos amantes de la tribu Yakel, Wawa y Dain desafían las leyes de la tradición y eligen el camino del amor apasionado como único destino. Los Imedín se sienten agraviados por la ofensa y exigen que la hermosa Wawa, sea dada en matrimonio al hijo del jefe de su etnia. Sin este acuerdo, la guerra entre las dos tribus parece inevitable.

La isla

   Tanna es una pequeña y volcánica isla situada en el Pacífico Sur  (oficialmente pertenece al archipiélago de Vanuatu). La mayoría de las distintas etnias que la habitan, siguen la forma de vida tradicional melanesia, renunciando de manera expresa a comodidades tan básicas como la electricidad. Se sienten orgullosos de mantenerse al margen de la influencia cultural externa, y ven con pena a los vecinos de la isla que han sucumbido a la globalización.

Trabajan la tierra en pequeños huertos familiares, crían cerdos y gallinas, y cazan con arcos y flechas. Los niños no asisten a la escuela, se educan de acuerdo a las tradiciones y costumbres populares. Los hombres van desnudos, cubiertos únicamente con sus kotekas (vainas para pene), y las mujeres con faldas elaboradas con vegetales.

El volcán Yasur, significa para ellos la máxima representación del mundo espiritual en la tierra: a él acuden para rezar sus oraciones, implorar sus deseos, o pedir perdón por algún acto o acción ofensiva. Los Yakel hablan en lengua Nauvhal, que se transmite únicamente de forma oral de padres a hijos, ya que no tiene forma escrita.

La producción

Dicen que un resplandor rojizo en la noche, fue lo que llamó la atención del capitán James Cook, mientras navegaba por las ignotas aguas del Pacífico Sur. El Endeavour puso rumbo a aquella tierra desconocida, no tardando en comprobar que el origen de aquella luminiscencia era producto de una erupción volcánica. No sería descabellado imaginar que el famoso capitán inglés, contemplaría los mismos paisajes y el mismo aspecto primigenio de sus gentes, que los documentalistas australianos Martin Butler y Bentley Dean, se encontraron 243 años después. La cultura tradicional de los Yakel apenas ha sufrido modificaciones desde entonces: llevan la misma forma de vida que sus antepasados melanesios.

Bentley Dean

Con una dilata trayectoria profesional en el mundo del documental, Martin Butler y Bentley Dean siempre han sentido una especial predilección por la antropología, disciplina por la que han discurrido la mayor parte de sus producciones para las televisiones australianas.

El germen de la película Tanna surge después de una larga estancia de Bentley Dean en la isla. Antes de que sus hijos iniciaran la etapa escolar en Melbourne, Bentley y su esposa, decidieron vivir en familia, la experiencia vital de convivir y compartir la misma forma de vida ancestral de los Yakel.

El director australiano no se olvidó la cámara: tenía en mente rodar un documental sobre su experiencia en la isla. Pero una loca idea le cruzó por su mente: rodar una película de ficción donde los Yakel fueran los únicos protagonistas. Llamó a Martin Butler para contarle la idea, sabedor de que su colega tardaría menos de lo que canta un gallo en presentarse en la isla. Dicho y hecho.

Los directores convocaron a las gentes del pueblo y les explicaron sus intenciones. Los Yakel se mostraron inicialmente sorprendidos por la iniciativa, básicamente por una razón principal: ninguno de los miembros de la tribu había visto una película en su vida.

El primer paso estaba dado, ahora tocaba enseñarles a los Yakel en que consistía aquel inventó llamado cine. Ante la falta de electricidad Martin y Bentley tuvieron que instalar paneles solares para producir energía. De una gran higuera colgaron unas telas blancas a modo de pantalla, y durante varias tardes, después de ponerse el sol: todos los niños, mujeres, hombres y ancianos de la tribu, se sentaban sobre la tierra para asistir a un elemental curso de cine, basado en la proyección de películas seleccionadas por los directores. En aquella improvisada pantalla en medio de un claro en la selva, se vieron algunos documentales de Martin y Bentley, la película de ficción “Diez canoas” de Rolf de Heer y Peter Djigirr, “La guerra de las galaxias”, y varias películas más. Aunque todas las proyecciones divirtieron a los Yakel, los documentales de Richard Attenborough se llevaron la palma de oro: el descubrimiento de multitud de especies animales que nunca antes habían visto, entusiasmaron a todas las gentes del pueblo.

Con el beneplácito unánime de la comunidad, la producción comenzaba a levar anclas. Ahora sólo quedaba decidir que contar. De entre las muchas historias que los ancianos les relatan, una llamó especialmente la atención de los directores. Se trataba de una historia de amor platónico entre una joven pareja que se negó a aceptar su separación, contraviniendo con ello la costumbre de los matrimonios concertados entre tribus.

Wawa y Dain

Inevitablemente uno no puede dejar de relacionar el argumento con la celebérrima tragedia de William Shakespeare,Romeo y Julieta”. Sin embargo, hay algo que las diferencia, la historia de los amantes de Tanna está basada en hechos reales ocurridos en la década de los ochenta del pasado siglo XX.

El guión inicial era tan sólo un esbozo, un ideario argumental que allanara el camino. Los Yakel sólo hablan la lengua Nauvhal, la comunicación entre los directores y los circunstanciales actores, se hacía mediante un traductor que les iba dando las pautas argumentales. La mayoría de los diálogos son improvisados por los intérpretes. Les explicaban la acción y la intención de contexto, y ellos ponían las palabras.

Si aun no has visto Tanna, no creas que te vas a encontrar con una película tan sólo de imágenes deslumbrantes y de tópicos aventurescos; de situaciones forzadas por acciones interpretativas pobres, de diálogos inocuos, de tensión menguante que cede ante la expectativa inicial. ¡No, rotundamente no!

Tanna es un soplo de aire fresco que oxigena los pulmones del espectador hastiado de tanta nicotina y alquitrán cinematográfico. Hay verdad, y mucha, en este maravilloso viaje que nos proponen Martin Butler y Bentley Dean. Los Yakel no actúan por que no saben lo que es la interpretación, sencillamente son ellos mismos transitando con sus pies descalzos por los mismos caminos de siempre. No les tienen miedo a la cámara ni a los micrófonos, tal vez la experiencia la hayan vivido como un simple juego, novedoso pero inocente: su naturalidad es tan apabullante que emociona.

Dain y Wawa

La habilidad de los directores australianos es sobresaliente, ya que a pesar de las particulares circunstancias de la producción, han conseguido dotar a la película de un guión sólido y bien argumentado, de crear distensión y tensión, de establecer una acción de un ritmo creciente, de fotografiar majestuosamente la isla, y sobre todo, de conseguir una interpretación actoral coral, que raya lo excepcional.

Cine improvisado en Tanna

El éxito internacional de Tanna no se ha hecho esperar, los Yakel ya se han paseado por las pantallas de medio mundo. Estos días, mientras escribo esta crónica, los directores y los interpretes principales andan por las calles de Los Ángeles esperando que el sueño no se detenga, y este próximo lunes 26 de febrero, los Yakel levanten el primer Oscar (mejor película extranjera) de la historia para Australia.

Wawa

Espero y deseo, que el éxito de la película no haga llegar hordas de turistas hambrientos de aventuras a la remota Isla de Tanna. Ojalá cuando los Yakel regresen a sus humildes casas, quemen la ropa occidental que han paseado temporalmente por el mundo, y en una solemne ceremonia ante el volcán Yasur, ofrezcan como ofrenda el Oscar y lo lancen al fondo del humeante cráter.

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