Scary Mother – Georgia (2017) Ana Urushadze

Ana Urushadze

 

    No ha elegido el camino más fácil la directora Ana Urushadze para debutar en el largometraje: “Scary Mother”  se adentra en lo más profundo de la psique humana, sondeando los latidos subterráneos y vitales de una mujer perdida en un mundo subyugante y opresivo: el patriarcado cómo evidente trasfondo; aunque también  y no con menos importancia, la joven directora georgiana nos invita a reflexionar sobre la importancia que tiene para el ser humano preservar un mínimo espacio innegociable de libertad individual.

   Manana tiene cincuenta años; una familia estructurada, un marido que la quiere y unos hijos adolescentes que siguen reclamando la máxima atención y abnegación, de una madre que lo ha sacrificado todo en pos de una familia feliz. Todos sus sueños han quedado atrás: todos excepto uno; su pasión por la escritura.

Un día, por sorpresa, Manana convoca a su marido Anri y a sus tres hijos, para leerles el inicio de una novela que ha estado escribiendo en secreto. Sentados todos en torno a la mesa de la cocina, las palabras que surge de la voz trémula de la mujer comienzan a elevarse gravitacionalmente como una nube negra e intimidante: el texto de Manana es un magma  calcinador parido en las extrañas: es un tumor extirpado que salpica los rostros circunspectos de su familia, que se sienten retratados y aludidos por unos personajes y unas acciones tan amenazantes como perversas.

Nato Murvanidze

De nada sirven las explicaciones de Manana: defiende que su novela es una ficción que no se argumenta para nada en situaciones reales. Su marido no escucha: ¡ofensiva, indecente, e incluso pornográfica! No puede seguir escribiendo esa mierda, ¡hay que quemar esas páginas!.

Pero Manana tiene un aliado: un librero al que ha dejado leer alguno de los capítulos y que considera la novela una autentica obra de arte: ¡tiene que luchar contra todo para terminarla!

   Ana Urushadze, que también firma el guion, recurre al mito filipino de Manananggal, no sólo para dar nombre a la protagonista de la película, sino para proveerla simbólicamente de una de las cualidades de este vampiro aterrador: la separación de su cuerpo en dos mitades; una se queda en el suelo y otra vuela para atacar a sus víctimas y devorarlas. Manana comienza a sufrir mentalmente una enigmática transformación que la lleva al borde la locura.

Podríamos considerar “Scary Mother” una película de terror psicológico en estado puro, sino fuera por que Urushadze nos alivia la tensión con alguna escena de humor irónico: como cuando Manana intentando convencer a su marido de que su novela en una pura ficción, le lleva al baño y señalando los azulejos de la pared, le muestra los dibujos caprichosos e inocentes que se forman en las baldosas, y en los que ella se ha inspirado para describir situaciones y personajes.

El mayor peso interpretativo de la película recae sobre la también georgiana Nato Murvanidze, curtida y afamada actriz de teatro, que da vida a la enigmática Manana, y que le sirvió para llevarse el premio a la mejor actriz en los Asia Pacific Screen Awards. Su actuación es tan magistral, que raya la excelencia. ¡Para hacerle una reverencia!

Tiblisi, la capital de Georgia, donde fue rodada la película, tiene una importancia simbólica  en la película: circunstancia que aprovecha el director de fotografía Konstantin Esadze, para enfatizar la rígida geometría soviética  y su frialdad otoñal reflejada en unos fríos tonos azules. Gran trabajo el suyo.

La responsabilidad de la partitura recae sobre el compositor Nika Pasuri, que al igual que la directora debuta en el mundo del cine. No le ha temblado el pulso al joven músico: su partitura se fusiona excepcionalmente con la narrativa, aportando con su minimalismo formal y su contemporaneidad sonora, un equilibrio constante a la arriesgada y exitosa propuesta cinematográfica de Ana Urushadze.

Como dato anecdótico, apuntar que “Scary Mother” iba a ser inicialmente un cortometraje de unos 15 ó 20 minutos. Urushadze presentó el proyecto para su financiación al  Georgian National Film Centre, pero fue rechazado. La desilusión sólo le duró unos días, volvió a reescribirlo convirtiéndose finalmente en un largometraje. Esta vez probó suerte en un concurso para directores nóveles en el  Centro Nacional de Cine de Georgia (2016), donde salió vencedora. La película se rodó en 34 días y se editó en 6 días. El 3 de agosto, la joven Ana Urushadze (26 años) asistía al estreno mundial de “Scary Mother” en el prestigioso festival de Locarno (categoría “Filmmakers of the Present“). No se fue de vacío, en cada mano llevaba un premio: Best First Feature y el Youth Jury Award. Programadores de festivales de medio mundo pugnan por incluirla en su programación oficial: Gijón (FICX55) tres premios; Sarajevo, dos premios; Bombay, un premio; y suma y sigue…

Es de suponer que su padre, el prestigioso Zaza Urushadze, director de la multipremiada “Mandarinas”, con la que llegaría a la final de los Oscar 2015 a mejor película extranjera, estará orgulloso de ceder el honor a su hija Ana, ya su película “Scary Mother” ha sido elegida por la academia del cine de Georgia para representar a su país en los Oscar 2018.

Sin duda estamos ante una cineasta con personalidad, inteligente, original: ¡y con un futuro por delante que mete “miedo”!. No habrá que perderle la pista.

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