“Rams -El valle de los carneros-“ Islandia (2015) Grímur Hákonarson

Grímur Hákonarson

Grímur Hákonarson

Sinopsis

   En un valle asilado del noroeste de Islandia, dos hermanos solteros y sesentones, Gummi y Kiddi, viven en dos casas separadas dentro de la misma finca: los dos llevan la misma forma de vida solitaria, casi ascética. El único sentido de sus existencias radica en el cuidado y la cría de sus ovejas, últimas descendientes de un antiguo y ancestral linaje: vencedoras habituales en concursos de todo el país. Gummi y Kiddi no se hablan desde hace más de cuarenta años: la única comunicación que mantienen es a través de notas que se envían por medio de un perro pastor.
 

Tras una nueva victoria en el principal concurso del valle, descubren que las ovejas de Kiddi, padecen de “tembladera”: una enfermedad mortal y gravemente infecciosa. Las autoridades decretan el estado de emergencia y se ven obligadas a sacrificar todos los rebaños para evitar que la enfermedad se propague al resto de los valles. La situación amenaza gravemente con poner fin a la principal fuente de ingresos de los habitantes de la zona. La importancia que supone para ellos la cría de ovejas, queda de manifiesto en el discurso inicial del concurso que hace el presidente del jurado:

pueblu -“Nunca nada fue más importante en esta nación. Sobreviviendo en una tierra de hielo y fuego en todas las condiciones. Fuertes y resistentes, enfrentadas a todas las adversidades, amigas milenarias y salvadoras de la humanidad. Cada día, en la alegría y en el sufrimiento, las vidas de las ovejas, se entrelazan con las de su pastor, su duro trabajo y su perseverancia. Si nuestras ovejas son infelices, oscura y traicionera será la noche”-.

concurso   El sacrificio de las ovejas pondrá fin al linaje ancestral que desde siglos ha venido preservando la familia de los dos hermanos. Gummi y Kiddi deberán de salvar su vieja enemistad para hacer un frente en común, contra la innegociable voluntad de las autoridades.

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   Desde hace algunos años, el cine islandés viene regalándonos auténticas joyas que no pasan desapercibidas en los circuitos de festivales internacionales de todo el mundo. A pesar de que su  población no sobrepasa los 320.000 habitantes, los islandeses cuentan con una pequeña y muy rentable industria -básicamente en términos de calidad cinematográfica. Películas como: “De caballos y hombres” de Benedikt Erlingsson, “Virgin Mountain” de Dagur Kári, o “Sparrows” de Rúner Rúnarsson, triunfaron en festivales tan importantes como: San Sebastián, Seminci, Tribeca o El Cairo.

    Es necesario tener muy en cuenta que el triunfo de estás humildes producciones islandesas, lo es muy a pesar de la gestión de los responsables culturales de su gobierno. No en vano, la Asociación de Productores de Cine Islandeses , la Asociación de Realizadores Islandeses, y la Agrupación de Directores de Islandia, llegaron a redactar conjuntamente un comunicado al parlamento islandés protestando por el recorte del 39% de inversión destinado a la industria cinematográfica, pasando en 2014, de 6,8 millones de euros a 3,8 millones de euros. La dichosa crisis económica que azota Europa, siempre en el fondo de todas las justificaciones cuando se trata de restar financiación a la cultura.

    En el momento de escribir esta reseña, se da la vergonzosa circunstancia de que el primer ministro islandés, Sigmundur D. Gunnlaugsson ha tenido que dimitir al estar involucrado en el escándalo de los llamados Papeles de Panamá: la mayor filtración de evasores en paraísos fiscales de la historia. El angelito no está sólo en la lista, forma parte de un nutrido y elitista grupo de “ciudadanos ejemplares”: presidentes de países de medio mundo, banqueros, empresarios, estrellas del deporte, narcos de la droga, traficantes de armas… en definitiva, de todos aquellos iluminados que velan por la salud de nuestro bienestar…

   Pero no, los culpables de la crisis somos los ciudadanos que nos cuesta un triunfo llegar a fin de mes… ¡por vivir por encima de nuestras posibilidades! Voy a volver al cine, por que me están entrando ganas de… en fin… ya me tomé la pastilla.

corral   Grimur Hákonarson , con tres agujeros más en el cinturón de su presupuesto, ha tirado de experiencia familiar, para realizar su segunda incursión en el cine de ficción: su padre trabajaba para el ministerio de agricultura y él pasó los veranos de su infancia en el campo. Una sobrina suya que se dedica a la ganadería, tuvo que  sacrificar todas sus ovejas infectadas de “tembladera” , y el propio director fue testigo del sufrimiento que supuso para la familia y de cómo les afectó psicológicamente.

RAMS, (aka HRUTAR), Sigurdur Sigurjonsson, 2015. © Cohen Media Group / courtesy Everett Collection

Sigurdur Sigurjonsson

   Partiendo de esas sencillas premisas, el director islandés escribe un guión dramático salpicado de contrapuntos de comedia seca y tan cortante, como ese viento gélido que azota los inviernos de las extremas latitudes escandinavas. El paisaje y la vida en la naturaleza, las relaciones humanas y sus mezquindades, el silencio como partitura diegética y como forma de diálogo sugerido: importan menos las palabras que las miradas, los gestos y la introspección de los personajes. Importantísima la aportación musical del compositor islandés Atli Örvarsson, que firma una banda sonora llena de notas sutiles y emotivas: que se integran en el paisaje y oxigenan el espacio, que se suman como una caricia delicada que añade ternura al adusto carácter de los personajes.

losdos hermanos

Sigurður Sigurjónsson y Theodór Júlíusson

   Sigurður Sigurjónsson (Gummi) y Theodór Júlíusson (Kiddi) son dos actores curtidos y con una larga experiencia tanto en el cine como en el teatro. Imposible olvidar la lección magistral de interpretación que Theodór nos regaló en la extraordinaria “Volcano” (Eldfjall), a las ordenes de otro de los grandes directores islandeses del momento, Rúnar Rúnarsson. Los dos actores construyen unos personajes tan sólidos y convincentes, que el espectador tiene la sensación de estar ante dos auténticos y rudos criadores de ovejas.

huyendo   No se si será por que todavía tengo muy vivos los genes rurales de mi familia, pero “Rams –El valle de los carneros” se me hace muy próxima. A pesar de la distancia geográfica que nos separa y de la diferencia de carácter que tenemos los latinos con los escandinavos, me siento cercano a esos dos seres tan enraizados a la tierra donde nacieron y a las costumbres ancestrales de sus antepasados. Es muy de agradecer que una película como ésta llegue a las salas de los cines con programaciones en versión original, y de rondón se cuele en algún centro comercial de pestilentes palomitas: un Valium contra los cromas, un tila sedante y reparadora de histrionismos de superhéroes y helicópteros en llamas, un balido sereno de una oveja que olvida por un momento que vive en un mundo de lobos.

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