Los caballos de Dios (Marruecos) 2012 -Nabil Ayouch

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Nabil Ayouch dirige a los actores

SINOPSIS

   Sidi Moumen es uno de los barrios periféricos más deprimidos de Casablanca: la pujante capital económica del reino de Marruecos. Sus cerca de 300.000 habitantes se las ven, se las desean, y casi nunca consiguen llevar una vida digna. La tarea no es un asunto fácil: tienen que convivir con el paro, el analfabetismo, la droga, la prostitución, la miseria… Parece que todos los males que pueden afectar y deprimir hasta la asfixia a una sociedad, han encontrado su medio natural de existencia en Sidi Moumen. Pero al igual que ocurre hasta en los lugares más deprimidos, dentro de este enorme distrito, existen notables diferencias sociales. Los peor avenidos habitan en los llamados Bidonville (ciudades de bidón): el chabolismo, las calles sin asfaltado ni saneamiento, y las montañas de basura, son su paisaje natural, su depresiva postal cotidiana.

   En esta realidad y en este entorno desolador, han nacido los hermanos Hamid y Yachine. Se pasan el día jugando al fútbol en las polvorientas escombreras, envueltos en peleas infantiles, en continuas huidas. Pero también han de sacar tiempo para revolver en los promontorios de basura, buscando algún cacharro útil que vender a algún usurero que les engañará y les arrojara unos miserables dírham con desprecio. El dinero es un bien ajeno en la casa: toda ayuda, por mínima que sea, será una bendición. Ese es su destino, no hay escapatoria posible: son los desheredados del reino alauita.

Los-caballos-de-dios2   Un día Hamid es detenido y condenado a prisión, donde pasará una larga temporada. Nunca volverá a ser el mismo, su transformación es absoluta. En la cárcel conocerá a unos extremistas religiosos que le adoctrinarán hasta el radicalismo. Ha nacido un nuevo mártir del Islam al que le espera el soñado paraíso y las vírgenes prometidas. Su hermano Yachine y sus amigos de la infancia, siempre han estado bajo la influencia de Hamid, quién ejercía de irreductible líder. Como las ordenadas piezas de un dominó, todos irán cayendo en las redes fundamentalistas: el mundo occidental y el sionismo tienen unos nuevos y fanáticos enemigos para los cuales, la muerte no supone un final, sino un principio.

Una interesante reflexión sobre los terroristas suicidas

   El director Nabil Ayouch nació en París, aunque vivió gran parte de su vida en el municipio multiétnico de Sarcelles, a doce kilómetros de la capital francesa. La mayor parte de sus 60.000 habitantes proceden de los países del norte de África que estaban bajo el protectorado francés hasta mediados del siglo XX. Argelinos, marroquís, tunecinos, los llamados peyorativamente “Pieds-Noirs” (pies negros) fueron confinados en este suburbio periférico tras el fin del colonialismo. Judíos sefarditas, ultra ortodoxos, musulmanes moderados, islamistas radicales, se ven en la obligación de convivir en una extensión de poco más 8 km2. La histórica enemistad entre judíos y musulmanes, se ha visto agravada por la creciente expansión de células radicales. La tensión deriva en muchos casos en violentos enfrentamientos. En julio de 2014 una protesta pro-palestina contra la invasión por parte de tropas israelíes en Gaza, terminó en una batalla campal. Sarcelles se ha ganado la triste reputación, de ser uno de los suburbios más peligrosos de París.0

   El enconado enfrentamiento entre estas dos culturas, afecta doblemente a Nabil Ayouch, ya que es hijo de un musulmán marroquí y de una judía de origen tunecino. Terminados sus estudios de teatro, Ayouch decide pasar a la acción: desenfunda su cámara y se lanza a denunciar la intransigencia, el radicalismo y la grave desigualdad social existente en el reino de Marruecos. En el año 2000 estrena su primer largometraje “Ali Zaoua, príncipe de Casablanca”. Ayouch pone su foco en la vida de un grupo de niños de la calle, su miserable existencia y sus utópicos sueños. La película consigue colarse en grandes festivales internacionales y obtiene un buen número de premios y menciones.

   Un buen día cae en sus manos la novela “Los caballos de Dios” del escritor marroquí Mahi Binebine: una inspiración libre de la historia de dos de los terroristas suicidas que participaron en el atentado de la Casa de España en Casablanca (2003), en el que murieron 23 personas. Nabil Ayouch ya había realizado un documental sobre las víctimas de Casablanca. Según sus propias palabras no salió muy satisfecho con el resultado, puesto que había tratado el tema de una forma unilateral. En la novela de Binebine encontró vidas humanas, cuerpos y rostros: los jóvenes suicidas salidos mayoritariamente del barrio de Sidi Moumen, también en cierta medida fueron víctimas de la miseria, la ignorancia y la desesperación. El director tiene claro que: “uno se vuelve kamikaze porque es pobre, sin más; nadie nace kamikaze”. “-… no se trataba de estigmatizar el Islam, ni de tratar a los yihadistas como unos héroes: no se puede perdonar lo imperdonable-”.

   Desde el principio tuvo claro que la película debía de rodarse en el mismo barrio de Sidi Moumen. Nabil Ayouch se sintió en la obligación moral de explicar a la gente cuales eran sus intenciones, que querían contar en la película. Aunque la mayoría lo entendieron y se implicaron en el rodaje, una minoría liderada por los salafistas no estaban en absoluto de acuerdo con la presencia de los cineastas en la zona y se lo hicieron saber. Hubo momentos de gran tensión, de amenazas: algunas noches fueron realmente complicadas para el equipo. Por suerte, no hubo que lamentar desgracia alguna.

Los-caballos-de-dios-1   “Los caballos de Dios” arranca de una forma trepidante y claramente expositiva de la realidad en la que viven la mayoría de los niños de Sidi Moumen: una cámara en mano sigue las evoluciones de un partido de fútbol de dos pandillas rivales. No tarda en armarse la trifulca, los empujones, las amenazas, la huida. La cámara los acompaña en su carrera hasta su barrio, y es ahí, tras un plano aéreo, cuando descubrimos el desolador mundo de chabolas de su Bidonville. El refugio último en su casa: una estancia oscura, iluminada tan sólo con la luz de unas velas. Un padre depresivo, un hermano deficiente mental y una madre desesperada.

   Nabil Ayouch procura en todo momento huir del maniqueísmo: en su discurso no se advierte una propuesta sentenciosa, ni siquiera la más mínima justificación de un acto de por sí injustificable. Con un planteamiento propio del psicoanálisis, Ayouch disecciona la realidad para intentar llegar al origen del problema, a su inicial periodo de latencia: el desenlace es de sobra conocido, no hace falta ahondar más en el tema.

   Sus conclusiones están a la vista, nos ha servido un extraordinario informe que merece la pena tener en cuenta. Si nuestros “insignes” políticos occidentales viesen “Los caballos de Dios”, tal vez derribarían los muros de la vergüenza que levantan para evitar que las víctimas de la miseria alcancen el paraíso en vida. O tal vez les importe un pito: ¿serán nuestros políticos tan miserables para considerar que es preferible seguir sufriendo algún atentado esporádico con tal de mantener nuestro Statu quo dominador?

   A pesar de ganar la Espiga de Oro en Valladolid (2012), y ser premiada en Cannes (2012), Seattle (2013) y Rotterdam (2013), hemos tenido que esperar que esperar tres años para que llegue a la cartelera española: estreno previsto para  el  3-07-2015.

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