Bajo la piel del lobo – España (2018) Samu Fuentes

  Sinopsis oficial:

Samu Fuentes

Martinón es el último habitante de un viejo poblado en la alta montaña. Cada primavera, emprende un viaje hacia los valles donde comercia con las pieles de los animales que captura. Tras un acuerdo con el molinero, la hija de éste se convierte en su mujer. Un cambio que desencadenará un conflicto en su vida, y le obligará a elegir entre su vulnerabilidad o abandonarse a su lado más salvaje.

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     Es cierto que el cine volatiliza las fronteras geográficas de los espacios, que amplia nuestra visión hasta lo cosmogónico: cual Aleph representativo del “todo”;  y que con idéntica generosidad nos permite observar diáfanamente territorios distantes, realidades desconocidas, y personajes apasionantes. En cuestiones tales como las mencionadas, radica sin duda,  la gran atracción de este maravilloso invento que es el cine.

Pero también es cierto que mucho cine del que consumimos  viene marcado con una clara voluntad de colonialismo: levanta fronteras invisibles, destruye mitos que le son ajenos e impone mitos propios universalizándolos: perdemos identidad histórica sin apenas darnos cuenta. Obviamente es nuestra culpa, y no del prodigioso invento: ¡God bless the United States of America!

Mario Casas

Os estaréis preguntando a que viene todo este rollo cuando lo que toca es hablar del debut en el largometraje del director asturiano Samu Fuentes. La razón es producto de una reflexión personal motivada por algunos de los comentarios y etiquetas utilizadas por cierta gente tras el visionado de “Bajo la piel del lobo”: “parece un western”; “es nuestro Renacido patrio”; “bien podría estar rodada en Canadá o en Las Rocosas” etc, etc…

A lo mejor es por que he nacido en Asturias, por que mis vaqueros son los “Vaqueiros de Alzada”, por que mi abuelo me contaba el miedo que sentía cuando pasaba las noches en la cabaña del monte y escuchaba el amenazante aullar de los lobos, o por las increíbles historias que me contaron las gentes de remotas aldeas de montaña, sobre alimañeros y míticos cazadores de osos.  Tal vez ese sea el motivo por el que considero la película de Samu Fuentes tan próxima; tan cercana, tan asturiana por los cuatro costados.

No hace ni siquiera un siglo, España era un país eminentemente campesino: en 1930 (época en la que transcurre la película) el 68% de la población española vivía en pequeños pueblos y en aldeas. Una historia como la de Martinón (Mario Casas) era tan común en aquellos tiempos, que ni siquiera llamaría la atención de los avispados cronistas de la época. Asturias era puro “western”.

Mario Casas

El director asturiano, quién también firma el guión, estructura la trama de “Bajo la piel del lobo”, entorno al sonido, la imagen, y la gestualidad; desproveyendo casi de diálogos a los personajes. Aunque la apuesta es arriesgada (el primer diálogo aparece en el minuto 17), la propuesta refuerza la soledad absoluta inicial en la que vive en alimañero: la naturaleza se nos muestra en todo su esplendor,  y también, con toda su crudeza. El hombre es un animal que cómo cualquier otro animal del bosque, caza para subsistir; se alimenta de su carne y vende las pieles en un pueblo cercano.

En las antípodas de su imagen de galán, un convincente Mario Casas da vida a este hombre tosco, seco, asilvestrado. Oímos con claridad su jadeante respirar cuando camina por la nieve arrastrando un trineo lleno de pieles: escuchamos el ruido de la carne que le sirve de comida arrancada  con sus dientes; su masticar ansioso. Especialmente destacable su interpretación en la parte final de la película, cuando afloran unos sentimientos inesperados para él, chocando violentamente contra su naturaleza salvaje.

Ruth Díaz

La ignorancia y la miseria siempre tuvo en la mujer, la perfecta víctima propiciatoria: Ruth Díaz e Irene Escolar son las hijas de una humilde familia de molineros; Martinón necesita una mujer para cumplir con el natural ciclo reproductor: un cachorro, tras otro cachorro, para perpetuar la manada. El tramite es bien sencillo: se compra una mujer y listo. Si algo no le gusta al hombre, siempre puede devolver el “producto” y cambiarlo por algo mejor.

Mario Casas e Irene Escolar

Los personajes que interpretan Ruth Díaz e Irene Escolar son incómodos y exigentes: no solamente por la ya mencionada escasez de diálogos del guión, sino más bien por la dureza de la historias que les toca vivir, por ese sometimiento ultrajante que les depara un destino tan  cruel  como humillante. El difícil reto que les plantea Samu Fuentes se ve superado con solvencia por ambas actrices: ¡para que necesitan diálogos si hablan con la mirada, si transmiten las emociones con la expresividad del rostro, o  con la contención medida de un silencio! ¡Están enormes las dos!

Irene Escolar

Extraordinario trabajo en el diseño de sonido de Eva Valiño, sobre la que recae un gran peso de la película: al ser tan escasos los diálogos, la ambientación de sonido resulta fundamental. Es todo un placer escuchar la naturaleza es su estado puro: el sonido del viento, el crepitar de la leña en el fuego, el arrullo de un río lejano…

Una hermosísima banda sonora sobrevuela el impresionante paisaje fotografiado con maestría por Aitor Mantxola, fundiéndose ambos en una conjunción perfecta. Paloma Peñarrubia compone una partitura sugerente y efectiva: todo un acierto la inclusión en la sección de percusión de una Txalaparta.

Dos recomendaciones para terminar: la primera es que veáis la película en una gran pantalla de cine. La segunda, más que una recomendación es una advertencia: no os equivoquéis, no veréis sólo una película de paisajes maravillosos, que los tiene: ¡no ha empleado cinco años de su vida Samu Fuentes en sacar adelante su proyecto, para que salgáis vosotros del cine pensando en lo saladas que estaban las palomitas!: “Bajo la piel del lobo” es tan valiente, tan dura  y tan reivindicativa, como necesaria.  Recordar que lo que cuenta el director asturiano era una realidad hace nada, en esta España tan poco acostumbrada a  recordar su pasado. ¡Advertidos quedáis!

 

 

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