La muerte de Luis XIV –España (2016) Albert Serra

serra-y-luis

Albert Serra dirigiendo a Jean-Pierre Léaud

Cuentan los cronistas de la época, que Luis XIV era un amante empedernido de las artes: la arquitectura, la pintura, la música, y muy especialmente la danza, se convirtieron en una obsesión enfermiza para el monarca más absolutista y ególatra que dirigió los designios del pueblo francés. Particularmente se consideraba un extraordinario bailarín, y verdaderamente así también lo atestiguan los mismos cronistas. Desde su debut en el papel de Apolo, en el Ballet de la Nuit: vestido de oro, plumas y diamantes, fue conocido como el Rey Sol de Francia. Estaba tan orgulloso de sus piernas que no son pocos los retratos del monarca en los que aparece luciendo sus bellas pantorrillas.

louis_xiv_of_france

Luis XIV, óleo de Hyacinthe Rigaud

   Pero el destino, esa suerte implacable de la predestinación absoluta, le tenía reservada al rey, una broma de mal gusto y fatales consecuencias. Próximo ya a cumplir los 77 años de vida y 72 de reinado, tras el regreso de una jornada de caza, Luis XIV siente un dolor intenso en su pierna izquierda. Los galenos reales discuten sobre el origen de la dolencia, hasta que se impone el criterio de Fagon, el médico principal: el rey padece una ciática. Unos días más tarde su salud empeora ostensiblemente, lo que parecía una mancha sin más importancia se revela como una gangrena: no existe otro remedio que la amputación, el monarca debe de elegir entre la vida o la pierna. No hay lugar para la duda, Luis XIV se entrega a la muerte con una terquedad que deja pasmados a médicos, familia, cortesanos y demás fauna que poblaba el fastuoso palacio de Versalles.

   Bienvenidos al dormitorio real de Luis XIV, van ustedes a contemplar la agonía de un mortal que se creía un Dios, hasta que la ineluctable parca le tocó la pierna con su afilada guadaña, y la puesta de sol le recorrió el cuerpo llevándole al ocaso definitivo. Al director catalán Albert Serra no le interesa para nada la biografía del rey: sus logros, sus extravagancias, su apetito desordenado de concupiscencia. Serra le retira el palio, lo baja de su poltrona y le enfrenta a una muerte que ni el propio rey desearía al peor de sus enemigos. Sin embargo el director nos regala un comodín para que nosotros podamos reconstruir la exuberante vida de Luis XIV: la mirada de Jean-Pierre Léaud. Aquel niño que nos deslumbró en “Los 400 golpes” de Truffaut, y que da vida al Rey Sol, se bate en duelo con un plano secuencia de cuatro minutos mirando a cámara, mientras suena el Kyrie (Gran Misa en do menor) de Mozart. Sin necesidad de la palabra, Léaud nos proyecta la mayestática existencia de Luis XIV: el poder totalitario que ejerció sobre su pueblo está en esa mirada arrogante. Igualmente transluce su riqueza obscena, sus palacios, sus amantes, sus jardines… Pero también en el brillo de sus ojos adivinamos el miedo a la muerte inevitable.la-mirada

   La magistral interpretación de Jean-Pierre Léaud, sobre cuyo eje vertebral se articula la película, está llena de matices expresados con sutil gestualidad. A pesar de la severa inmovilidad que el papel le exige, al actor francés le sobra y le basta para componer un trabajo interpretativo que quedará sin duda para la historia del cine. A la cabeza me viene el Salieri que F. Murray Abraham, interpretara en la genial “Amadeus” de Milos Forman.

    Albert Serra y su coguionista Thierry Lounas, escriben un guión donde las palabras, las miradas y los gestos, adquieren idéntica importancia. No está exento el humor socarrón e inteligente del que hace gala el director catalán en todas sus películas. Un ejemplo de ello es la secuencia en la que un charlatán matasanos entra en la habitación de Luis XIV, para curar aquello que los médicos más prestigiosos del reino han sido incapaces de conseguir: su remedio no es otro que un elixir compuesto de semen, sangre de toro, grasa de rana, y jugo de cerebro que destilan los ingleses.

   Rodada casi íntegramente en la habitación del rey, la fotografía que firma Jonathan Ricquebourg es absolutamente magistral. El espectador tiene la impresión de estar ante un Rembrandt en movimiento. La tenue iluminación de las velas, crea unos claroscuros tan hipnóticos como deslumbrantes.los-medicos

   El tempo lento que Serra imprime en todas sus películas, le viene a ésta como anillo al dedo: si la agonía se sirve fría, su deliberada indolencia refuerza doblemente la sensación de angustia, tal parece que el director quisiera condenar al tirano a una merecida muerte sin sosiego.

   Estrenada en Cannes (2016) en la sección oficial fuera de concurso, “La muerte de Luis XIV” fue reconocida por la crítica internacional como la mejor película proyectada en el certamen más glamuroso del cine mundial. ¡Incomprensible que no entrara en la competencia por la palma de oro!  De todas formas, no tardará la muy noble y republicana Francia, en recompensar el trabajo del artista: Albert Serra recogería un mes más tarde en el Centro Pompidou de París, el premio Jean Vigo.

   El Festival de Cine Europeo de Sevilla (2016) le ha ganado la partida al resto de los festivales de cine españoles al conseguir incluir “La muerte de Luis XIV” en la sección oficial, aunque también fuera de concurso.

   Quién parece no andar tan satisfecho con tanto elogio y tanta buena crítica es el cineasta catalán, quién no para de repetir que si su película llega a un público mayoritario es por que algo ha hecho mal: “No solo me preocupa (que le guste a la gente), sino que me siento avergonzado. Me gustan los riesgos y el exceso de riesgo suele salir mal, así que cuando sale bien quiere decir que igual no había el suficiente“, declara en una entrevista reciente con Efe. Seguro que Albert Serra prefiere críticas cómo las que le dedicó Javier Ocaña (El País) en su anterior película Història de la meva mort : “Radical, pero con poco interés, ni formal ni narrativo (…) lleva la duración hasta las innecesarias dos horas y media (…) Serra vende provocación. En Locarno se la compraron. En esta crítica, no“.la-mujer

   A pesar de que uno corra el riesgo, en el poco e improbable caso de que Albert Serra lea esta crítica, me atrevo a recomendarla vivamente: yo no compro la impostura radical y provocativa de Serra, solamente escribo del cine que me gusta, y “La muerte de Luis XIV” me ha gustado pero que mucho. Avisados estáis, si no queréis formar parte del público que no le gusta a este genio loco, ¡ni se os ocurra ir a ver su película!.

   Pero si finalmente caéis en la tentación, podéis hacer vuestra la última frase de la película, cuando el médico del rey reconoce el fallo en su diagnóstico: “La próxima vez, lo haremos mejor”.

 

2 comentarios

  1. Sólo un comentario para amantes de la música clásica, no es el Réquiem sino el kyrie de la misa en do menor de Mozart. Disfrutenla!

  2. Gracias por tu comentario José Antonio. ¡Corregido!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *