La mirada del silencio- Documental (DK-2014) Joshua Oppenheimer

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Joshua Oppenheimer

El día 31 de agosto de 2012, el festival internacional de cine de Telluride (Colorado) encendió la mecha de un documental que no tardaría en recorrer como la pólvora por los festivales más prestigiosos del planeta: “The act of killing” del director Joshua Oppenheimer, dejaba atónitos a los espectadores que asistían a sus proyecciones: un grupo de verdugos al servicio del sanguinario régimen de Suharto, representaban ante la cámara sus salvajes métodos de tortura y asesinato. Ni asomo de arrepentimiento; todo lo contrario, se sentían orgullosos de sus aberrantes acciones, se auto reconocían como héroes de la patria y libertadores de su pueblo. No, no eran actores, no era una ficción lo que se representaba en la pantalla. Según sus alucinantes declaraciones, se salvaron de la locura por que bebieron la sangre de sus víctimas. Hoy en día muchos de aquellos asesinos siguen vivos y amparados por un gobierno indonesio heredero de aquel que tras el golpe de estado de 1965, cometió uno de los genocidios más impúdicos de la historia de la humanidad. Se calcula que más de un millón de personas perdieron la vida.

La mirada del silencio” puede considerarse la segunda parte de “El acto de matar”. En esta ocasión el foco de Oppenheimer está puesto en las víctimas. Adi Rukun (44 años) es un optometrista que aprovecha las relaciones con sus clientes para indagar sobre los responsables del asesinato de su hermano mayor. A Ramli, dos años mayor que él, lo mataron los escuadrones de la muerte, lo cortaron en pedazos y los arrojaron al río Snake. Adi no busca venganza, sólo quiere que se reconozcan los hechos: basta de impunidad, que la historia no se la lleven las aguas cenagosas del olvido. Quiere entender el por qué un ser humano puede cometer los actos más bárbaros, más aberrantes, sin que su conciencia deje entrever el mínimo gesto de arrepentimiento. ¿Será verdad que aquel que bebe la sangre de sus víctimas se libra de la locura?.

4La escena inicial de “La mirada del silencio” es una rotunda advertencia al espectador de las intenciones de Oppenheimer. Sentado en un sillón de su casa, Adi Rukun consigue a duras penas mantener la entereza mientras al otro lado de la pantalla, un verdugo entona una canción reivindicando el olvido. A su lado, una niña escucha a su padre como si éste cantara un tema popular. El hombre esboza una sonrisa tras la última estrofa, mira satisfecho al entrevistador (fuera de plano), y su gesto no pierde la sonrisa cuando Oppenheimer le suelta súbitamente: –Ali Sumito fue asesinado en Sukasari. ¿Qué pasó? -. –Mis hombres tenían miedo de la sangre. Entonces yo lo ahogue así… su lengua se salió (risas). ¡Tú preguntaste! Le abrí el abdomen. Sus intestinos se desparramaron. A otro lo lancé. Aterrizó en una roca y su cráneo se quebró. Trataba de mantener la cabeza unida (riendo, se lleva las manos a la cabeza imitando el gesto de la víctima)-.

La actitud del miembro del escuadrón de la muerte es tan obscena, tan inhumana, tan inconsciente, que cuesta pensar que no estemos ante una dramática secuencia de una película de ficción. Y no estamos hablando de un hecho aislado, era la forma de proceder sistemática de unos grupos dirigidos por los jefes civiles de los pueblos y aldeas de Indonesia. El gobierno militar dictaba anónimamente las órdenes para que no pudieran vincular al régimen de Suharto de una forma directa con el exterminio. En el documental de Oppenheimer uno de los verdugos reconoce abiertamente este hecho.

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La mirada del silencio” no nos concede tregua: nos quita el aliento, nos enmudece, nos horroriza, pero nos mantiene pegados a la pantalla hasta que los rótulos finales sucumben ante un negro tan profundo y tenebroso como la misma historia que nos cuenta. Admiramos la dignidad y la entereza de Adi Rukun, su sensatez y valentía: hay que tener en cuenta que muchos de los miembros de los escuadrones de la muerte están vivos, ostentan el poder y siguen protegidos por el actual gobierno de Indonesia. Aunque es consciente de que con su participación en el documental arriesga su vida y la de su familia, también sabe que la difusión de  la cinta en el mundo entero puede terminar con el silencio de las víctimas. Al igual que en “El acto de matar”, entre los productores ejecutivos figuran dos de los mejores documentalistas de la historia: Errol Morris y Werner Herzog. Ya fue finalista de los Oscar en 2014 y figura en todas las quinielas para volver a estar en la terna final de 2105. “La mirada del silencio” ganó entre otros en: Berlín, Venecia, Zúrich.

A pesar de la distancia que nos separa, y la identidad cultural que nos diferencia con Indonesia, el documental de Oppenheimer invisibiliza las geografías para hablarnos del desamparo de las víctimas. Desgraciadamente hoy en día, muchos países en el mundo que sufrieron el azote de las dictaduras, siguen reclamando una ley de memoria histórica. Sin ir más lejos, España, donde las víctimas de la represión franquista dejó más de 150.000 muertos, muchos de ellos aun permanecen enterrados en las cunetas de las carreteras. Argentina, Chile, Ruanda, Armenia, Camboya, Bosnia

Las razones que esgrime el poder para negar el reconocimiento siempre son las mismas, sueltan frases como eslóganes: –para que hurgar en el pasado, a que nos conduce remover las fosas y desenterrar a los muertos. Dejemos que descansen en paz-. Lo que verdaderamente ocurre es que en estos países, muchos de aquellos verdugos aun están vivos, y los responsables máximos que ostentaban el poder y daban las ordenes, ocupan puestos de relevancia en los actuales gobiernos, o son hijos o nietos de ellos. La víctima inocente está desde siempre condenada al silencio. Sin embargo las cosas tienen que cambiar, no se puede olvidar la historia, porque como decía el celebre filósofo romano Marco Tulio Cicerón: -“Los pueblos que olvidan su historia, están condenados a repetirla”-.

2º

El 1 de Octubre de 2015 se cumplió el 50 aniversario del inicio de los crímenes en Indonesia. Con tal motivo Joshua Oppenheimer, inició a través de la página web de la película, una campaña de recogidas de firmas dirigida al senado de los EEUU, con el fin de promover una resolución para desclasificar los documentos oficiales relacionados con el genocidio contra el pueblo indonesio, e instar a sus líderes políticos a establecer una comisión sobre las violaciones de los derechos humanos y facilitar su reconciliación. No podemos olvidar que los EEUU fueron cómplices e instigadores de la masacre que llevó a cabo el gobierno militar de Suharto.

La mirada del silencio” no es sólo un documental extraordinario por la alucinante historia que nos cuenta. Oppeheimer se ha consolidado como uno de los documentalistas más importantes del panorama cinematográfico actual. Sus sofisticadas y estilísticas imágenes, nunca son gratuitas, siempre están al servicio de un guión tan sólido como estimulante. Utiliza la técnica con la habilidad y eficacia de un maestro, sabe manejar los tiempos de la trama: nunca te ahoga, cuando la carga dramática amenaza con hacerse insostenible, nos insufla el oxigeno necesario para darnos un respiro, recurriendo incluso al humor.

No podéis dejar de ver “La mirada del silencio”: es una forma extraordinaria de escuchar de una vez por todas, la voces de las víctimas inocentes.

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