Ixcanul- Guatemala (2015) Jayro Bustamante

Jayro Bustamante

   En un humilde altar improvisado a los pies del Volcán de Pacaya, dos mujeres mayas, madre e hija, rezan arrodilladas al señor de la montaña, Rajawal Juyú. La madre da gracias a los espíritus por todas sus bendiciones, y ruega especialmente por su hija: -“Gracias Madre Tierra, Viento, Agua, Volcán. Bendigan a mi hija con un buen matrimonio. Les pido por mi casa, mi trabajo y mi hija. Es todo lo que quiero, y por eso les suplico”-.

   Aunque respetuosa, la aptitud de la joven es más bien de compromiso y resignación: si bien no escuchamos sus rezos, nos imaginamos que sus deseos de matrimonio son contrarios al propósito de su padres, que siguiendo la tradición y las costumbres milenarias de su pueblo, intentan una unión concertada de conveniencia familiar.recibe comitiva

   María, que aun no ha cumplido los 18 años, es una muchacha de fuerte carácter e ideas claras: sus sueños vuelan más allá de la cima humeante del imponente volcán. Cuándo advierte que Pepe (un joven trabajador de los cafetales está decidido a viajar clandestinamente a los EEUU) pone sus ojos en ella, la joven fuerza un encuentro y se le ofrece sexualmente. Si concibe un hijo de él, no le quedará más remedio que llevarla consigo en su aventura de emigrante.Captura de pantalla 2016-05-010

   Desgraciadamente las cosas no son tan sencillas, los sueños de esta gente humilde que se parten la espalda con pesadas cargas, suelen diluirse en los vapores azufrados de un volcán habitado por dioses tan totémicos como evanescentes. La tradición mezclada con la ignorancia, suele crear ilusiones de barro que tras secarse con un leve soplido, sepultan la voluntad de cambio y progreso. Sin embargo no hay que rendirse, tal vez un día, alguna chica como María, consiga sacar los pies del fango antes de convertirse en otra triste estatua de barro.vestida novia

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   El día 7 de febrero de 2015, el mismo día que Ixcanul se estrenaba por todo lo alto en el festival de cine de Berlín, el volcán de Pacaya entraba en erupción. La numerosa representación maya que acudía al pase, celebraron la noticia: era una señal de buena suerte.  Días antes de comenzar el rodaje de la película,   todo el equipo de producción habían participado en una emotiva ceremonia maya para pedir permiso y bendición al Volcán de Pacaya.cestas café

   Una fuerza idéntica a la del volcán, sacudió a Jayro Bustamante cuando el jurado de la sección oficial de la Berlinale, anunció que el Oso de Plata (Premio Alfred Bauer) había sido concedido a Ixcanul. No era para menos su alegría: una humilde producción de un país como Guatemala, sin apenas industria ni tradición cinematográfica, se veía recompensada con uno de los galardones más codiciados de la comunidad festivalera internacional. Es necesario destacar que Ixcanul significó el debut en el largometraje del joven guatemalteco. ¡Imposible comenzar de mejor forma su carrera!; y si encima cuenta con la protección del volcán… no es descabellado pronosticarle un futuro halagüeño en este difícil mundo del cine. En el momento de escribir esta reseña, Ixcanul lleva recibidos cerca de 30 premios en festivales de todo el mundo.

   Jayro Bustamante (1977) nació en la ciudad de Guatemala, pero siendo niño sus padres (médicos los dos) se trasladaron a vivir a un pequeño pueblo situado en el entorno del Lago Atitlán. Rodeado de volcanes, el joven Jairo creció entre la comunidad maya, empapándose de su cultura, su lengua y sus tradiciones milenarias. Guatemala es el país de América Latina con mayor población indígena (60 % de población maya) y la más grande densidad de hablantes de lenguas amerindias (más de 6 millones).picada serpiente

   Después de catorce años viviendo en el altiplano, en plena guerra civil, y en un entorno dominado por las guerrillas insurgentes, Bustamante regresa a la ciudad de Guatemala donde inicia sus estudios de comunicación y publicidad. La falta de escuelas cinematográficas en su país natal, le llevan a París donde cursa estudios de dirección de cine en el CLCF (Conservatorio de Cine Francés), terminando su formación en Roma, en el Centro Experimental de Cinematografía.

   Aunque el director guatemalteco insista en declarar que Ixcanul no es un película etnográfica, el extraordinario trabajo del director de fotografía Luis Armando Arteaga, consigue que nuestros ojos occidentales -ávidos de ver paisajes y tradiciones culturales de pueblos que no son pródigos en el panorama cinematográfico internacional-, se deleiten con el maravilloso paisaje, con las vistosas ceremonias rituales, y con el atractivo costumbrismo de una de las civilizaciones mesoamericanas más importantes como son el pueblo Maya. Si a esto sumamos que la película está íntegramente rodada en kakchiquel (una de las 30 lenguas mayas que se conservan, según la American Indian Languages) y se exhibe con subtítulos en castellano, es perfectamente comprensible nuestro deleite emocional.mira ventana

   A medida que avanza la cinta, cuando el argumento comienza a perfilar las líneas del drama, la advertencia anteriormente mencionada de Jayro Bustamante adquiere peso y consistencia: lo etnográfico pasa a un segundo termino y la trama de los conflictos humanos que se desarrollan centran todo nuestro interés. Ya no vemos a un joven maya vestida con su traje tradicional, crece en nosotros una empatía sincera: vemos a una muchacha que no se resigna a vivir sometida a un anacronismo sin sentido. María desea ser la dueña de sus decisiones, y a ello se entrega con empeño, valentía y determinación.

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Juana (María Telón) y María (María Mercedes Coroy)

   El peso del trabajo actoral recae especialmente en dos personajes: María (María Mercedes Coroy) y su madre Juana (María Telón). Sin experiencia en el mundo del cine, las dos consiguen dotar a sus personajes de una credibilidad absoluta. María Telón trabaja en un mercado de fruta y es analfabeta. Para aprender los diálogos de Juana, contó con la ayuda de su hijo de 15 años, quien le leía el guión hasta que ella llegó a memorizarlo.

   Ixcanul es un pequeño milagro surgido del empeño de Jayro Bustamante, que contó con la implicación de todo el equipo humano que participó en el proyecto. Con un presupuesto que apenas alcanzaba para ir cubriendo los gastos técnicos, la película no hubiera podido terminarse sin la ayuda de la comunidad de los pueblos donde tenía lugar el rodaje. En la aldea “El Patrocinio“, donde el elenco del filme vivió un mes (de diciembre 2013 a enero 2014), tuvieron que alojarse en un aula de la escuela que carecía de luz y de agua potable. Mientras algunos vecinos se encargaban de la dieta de los trabajadores, otros aportaban mobiliario a la dirección artística. Incluso el volcán de Pacaya auspiciaba de buenos augurios el rodaje entrando en erupción: cuando rugía el volcán, los lugareños se reían del miedo que les entraba a los pocos extranjeros que participaron en el proyecto.

   Ixcanul es un soplo de aire fresco entre tanta contaminación; una película sensitiva, emocional y bella. Pero no te engañes, no es una cinta cuya principal valor resida únicamente en la plasticidad de sus imágenes: en su vientre late un corazón de volcán dispuesto a sepultar bajo la lava, las injusticias de un costumbrismo tan arcaico cómo indigno. Ojalá la reflexión honesta que nos plantea Jayro Bustamante sea un punto de inflexión en estas comunidades indígenas. Cierto es que no lo tienen nada fácil. Un ejemplo es el de la propia actriz María Telón, quien acudió durante seis meses a unas clases de alfabetización. Un día, sin previo aviso, los profesores dejaron de acudir a su pueblo: el gobierno de Guatemala había suprimido el presupuesto.

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