Ida (2013) Polonia -Pawel Pawlikowski

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Pawel Pawlikowsk

Sinopsis

    En un apartado convento del este de Polonia, un grupo de novicias se preparan para recibir el voto de ordenamiento católico. Anna, que acaba de cumplir dieciocho años, ha vivido siempre en la institución religiosa. Al final de la segunda guerra mundial, después la muerte de sus padres, un cura la trasladó al convento siendo un bebe, para que las monjas se hicieran cargo de ella. Ha crecido en el convencimiento de que nadie de su familia ha sobrevivido al conflicto. No es del todo cierto, Anna tiene una tía, Wanda. La madre superiora le descubre su existencia y la obliga a ir a conocerla antes de tomar el hábito.

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Wanda es una mujer adusta, seca, cortante. No se anda en contemplaciones, ni busca una forma amable de revelarle a su sobrina su dramático pasado y su identidad: la joven es judía y su verdadero su nombre es Ida Lebenstein. Sus padres fueron asesinados y nadie sabe donde han sido enterrados, probablemente en algún bosque en los alrededores de Piaski, el lugar donde Ida nació.

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La explicación de Wanda parece el resumen de un veredicto, tal vez la costumbre de dictar sentencias, (ella es juez y ha sido fiscal del estado en la época estalinista), la haya insensibilizado contra el drama ajeno. Parece rodeada de una coraza de acero, inquebrantable, fría, impávida. Ha llevado grandes juicios públicos y firmado numerosas condenas de muerte contra los “enemigos del pueblo”. Pero ese tiempo de poder pertenece al pasado, ahora Wanda no es más que una mujer destruida por el sistema, que ahoga sus remordimientos en alcohol, sexo espurio y soledad.

Las dos mujeres viajaran a Piaski para buscar las tumbas de sus muertos y enfrentarse cara a cara con la realidad de unos hechos, que lejos de permanecer en el olvido, forman parte de la memoria vergonzosa de un silencio tan cruel como culpable.

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El director

Cuando Pawel Pawlikowski (Varsovia, 1957) le dijo a su productor que iba a rodar “Ida” en blanco y negro, este reaccionó con sorpresa, y con un cierto grado de paternalismo le aconsejó: -Pawel, ya no eres un estudiante de cine, no tienes por que hacer esas cosas-. Y eso que aun no le había dicho que utilizaría un formato de pantalla cuadrado (4:3), que todos los planos de la película serían fijos, nada de movimientos de cámara, que apenas recurriría a los primeros planos, y que la música sería diegética. Si sumado a todo esto añadiera que los encuadres de los personales ocuparían en muchas ocasiones solo el último tercio de pantalla, tal vez no estaríamos ahora hablando de una de las películas más impresionantes de este siglo 21.

A la vista está que ninguna de las intenciones de Pawel eran gratuitas, ni tampoco respondían a modernismos, excentricidades u homenajes propios de realizadores primerizos. El cineasta polaco tenía la película grabada en su cabeza incluso antes de escribir el guión definitivo. Para esta labor contó con la ayuda de la dramaturga y guionista británica de origen polaco, Rebecca Lenkiewicz. El guión se hizo esperar. No es Pawlikowski un escritor convencional. Según sus propias palabras: -Mis películas no tienen nada que ver con mis guiones, sirven como un mapa de carreteras por el que ir, pero no es hasta el rodaje cuando adquieren una forma definitiva-.Ida-330992491-large

Para poner la guinda al riesgo, Pawlikowski no quiere una actriz conocida para encarnar el papel de Ida. La búsqueda llevó su tiempo: ninguna de las actrices con las que se entrevistaba convencía al director polaco. Un día recibe una llamada telefónica de su amiga, la directora Malgosca Szumowska. Está en un café de Varsovia y tiene sentada frente a ella, a una chica con un rostro y una mirada increíblemente expresivos. Iba a sacarle una foto y enviársela en seguida. La joven se llamaba Ágata Trzebuchowska. De esta forma tan inesperada y sorprendente Pawel Pawlikowski encuentra a su protagonista.

Desde el momento en el que se gestó la idea inicial de la película, el director polaco supo que rodaría en blanco y negro. Así era como el recordaba sus años de infancia en Varsovia en la década de los sesenta; las viejas fotografías familiares, los días grises, la nieve. También en blanco y negro eran las películas que veía en la televisión o el cine de sus admirados Andrzej Wajda y Andrzej Munk.

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Critica

Imaginemos una gran piedra de mármol blanco: las gubias, trépanos y cinceles dispuestos sobre la mesa de trabajo del escultor. Primero unos golpes rápidos y certeros para el desbastado de la piedra. Vienen luego los surcos de gran extensión que dejan entrever el volumen y la sombra. La escultura va tomando forma. El monocromo lo establece la luz y las sombras proyectadas que van cobrando vida. Como remate: el alisado, el lucido, la depuración absoluta. La obra de arte surge finalmente como un advenimiento mágico y metafísico. Contemplando la majestuosidad fotográfica que Pawlikowski y sus directores de fotografía, Ryszard Lenczewski y Lukasz Zal, consiguieron, uno se imagina que cada plano de “Ida” es una escultura que forma parte de un retablo excepcional. Y no es un ejempaplastadaslo exagerado, la fotografía de “Ida” es de una belleza hipnótica. Pero es que además, no existe contrasentido entre el drama argumental y la imagen sublime, la simbiosis funciona a la perfección. El aire que se establece en la mayor parte de los planos, donde las protagonistas ocupan el tercio inferior del encuadre, refuerza el carácter subjetivo de cada una de ellas. Ida vive aprisionada bajo su creencia, su Dios gravita permanentemente sobre ella. Wanda, aplastada por su pasado, por sus remordimientos, por su falta de esperanza.

La cámara establece una marcada distancia con los protagonistas, como si no quisiera acceder a la vida interior de sus personajes. Esta propuesta sugerente precisa de la colaboración del espectador, dejando que sea nuestra propia imaginación la que complete los pensamientos más íntimos de las dos mujeres. La joven novicia ha vivido siempre aislada del mundo. Pura, inocente, virginal. Es el suyo un viaje de descubrimiento que pondrá a prueba su fe y su paz interior. Wanda en el contrapunto, la antítesis de Ida. Está de vuelta de todo, parece no importarle nada. Bebe en exceso y se acuesta con el hombre que más cerca esté de su última copa. Pero su actitud no responde a una forma premeditada de entender y vivir la vida, más bien es un salto al vacío: el remordimiento y la culpa la asfixian. A diferencia de su sobrina, no tiene un Dios en el que refugiarse, no hay redención ni esperanza.

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Maravillosa interpretación de las dos actrices. Ágata Trzebuchowska (Ida) es pura contención, sugerencia, mirada… sus ojos nos transmiten sus pensamientos con la misma credibilidad que lo harían sus palabras. Ágata Kulesza (Wanda) es un ciclón que nos envuelve: tan segura de si misma, tan dura y tan frágil a la vez. Mejor no se puede estar.

 Desde que el 11 de septiembre de 2013 en el Festival de Cine de Gdynia, “Ida” ha recibido una lluvia de premios en festivales de medio mundo. Yo tuve la suerte de disfrutarla en el FICX 2013(Gijón), donde se llevó 5 premios. Según IMDB, en el momento de escribir está nota, el film de Pawlikowski lleva conseguidos 60 premios y 49 nominaciones, Oscar y Globo de Oro incluidos.

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