Homeland (Iraq Year Zero) Irak (2015) Abbas Fahdel

Abbas Fahdel

Homeland (Iraq Year Zero) Irak (2015) Abbas Fahdel

    Hace semanas que tenía pendiente escribir esta reseña sobre uno de los documentales más impresionante que he visto en mucho tiempo: Homeland (Irak año cero). Dividido en dos partes de 3 horas cada una de ellas: ¡y creerme que no le sobra un sólo segundo!; el documental del iraquí Abbas Fahdel provoca en el espectador un impacto semejante al que dejaría un misil Tomahawk lanzado sobre una de las riberas del mítico Tigris.

La propuesta de Abbas Fahdel navega en las antípodas del resto de los innumerables documentales que se realizaron sobre la invasión norteamericana en Irak. Al director nacido en Babilonia (residente en Francia desde hace 15 años), le preocupaba especialmente la imagen con que los medios occidentales retrataban al pueblo iraquí, ignorando por completo la opinión de la población civil: y por supuesto (esto lo añado yo), importándoles un comino al mefítico “trío de las Azores” la muerte y la destrucción que traería consigo una guerra, amparada además en razones vergonzosas y bastardas.

En febrero de 2002, Abbas Fahdel viaja a Bagdad con la intención de registrar documentalmente la vida de una familia iraquí bajo la amenaza de la guerra: los elegidos son su propia familia; su hermano, sus sobrinos, sus cuñados, sus amigos y vecinos… Esta primera parte lleva por título “Before the fall” (Antes de la caída).

   En casa de los Fahdel la familia se reúne en torno a la televisión: la figura de Sadam Husein es omnipresente; el dictador se reúne con su consejo de ministros para evaluar las amenazas norteamericanas; intenta transmitir a la población la capacidad de su gobierno para responder con contundencia la invasión; Sadam rodeado de niños, Sadam saludando al pueblo, Sadam, siempre Sadam…

Haidar (sobrino de Abbas Fadhel)

   Haidar tiene 12 años, es sobrino de Abbas Fahdel, y tiene un desparpajo impropio de un niño de su edad. Los preparativos para sobrevivir a la guerra los vive con la inocencia de un juego infantil. Su padre ha decidido cavar un pozo de agua en el jardín de su casa, con la idea de abastecerse en caso de restricciones o cortes de suministros locales de agua. Haidar se pasa el día bombeando agua, mientras explica a sus primas la importancia de su labor. En otra secuencia, el niño cruza con cintas de embalaje los cristales de las ventanas: explica que así se evitará que los cristales se rompan en mil añicos cuando comiencen las explosiones.

Sobrinas del director

La actividad no se detiene en los mercados de Bagdad: Abbas Fahdel nos muestra la labor cotidiana de vendedores y clientes: artesanos, panaderos, libreros, sastres… Estimulados ante la presencia de la cámara, hablan de la amenaza de la guerra que viene y de las guerras pasadas que les tocó sufrir. Acostumbrados a vivir cómo una maldita condena, bajo la sombra funesta de los conflictos armados y de las tiranías, los iraquíes demuestran aparentemente una templanza y una entereza admirable. Pero cómo se dice por España: “la procesión va por dentro”. ¿Quién puede esperar algo de sensatez cuando a los políticos que tienen que buscar soluciones sólo les interesa los negocios que surgirán tras la guerra? La amenaza de la invasión es cada día más real: las armas de destrucción masiva vendrán con el sello de “calidad” EEUU.

   Homeland (Irak año cero) tiene la frescura de un documental humanista; cercano y absolutamente empático: cualquiera de nosotros podría ser cualquiera de los hombres y mujeres   anónimos que se cruzan ante la escrutadora mirada de Abbas Fhadel. Despojado de alardes técnicos ni dobleces estructurales, el director iraquí se sirve de una cámara domestica y de un equipo básico de sonido, para ir confeccionando un mural tan gigantesco cómo caleidoscópico.

Los sobrinos del director, sentados en torno al televisor, siguen con emoción las imágenes que la cadena pública emite sobre las manifestación contra la guerra que se suceden en todo el mundo: ¡Su guerra! –Pierden el tiempo– dice uno de ellos. Una chica le responde de inmediato, con un tono de sentida gratitud: -¡Se preocupan por nosotros!-.

Parte 2 –Después de la batalla

   Abbas Fahdel se encuentra en Francia cuando EEUU inicia su acción militar en Irak. No podrá regresar a Bagdad hasta dos semanas después de la invasión americana. El país que se encuentra a su regreso queda magníficamente retratado en unas secuencias en las que Abbas graba las calles de Bagdad, mientras su hermano Ibrahim conduce. Aunque la guerra ha terminado, las carreteras están atestadas de columnas de vehículos militares. Los controles de los americanos cierran carreteras y obligan a los iraquíes a buscar alternativas para llegar a sus destinos. Los efectos de los bombardeos son notables: la destrucción no se ha centrado exclusivamente en edificios oficiales, muchos barrios residenciales han quedado reducidos a escombros. Con el país sin gobierno, los iraquíes exigen la protección de los americanos ante los numerosos casos de saqueo, robos y asesinatos cometidos por delincuentes comunes y mafias que comienzan a organizarse. Pero los americanos ya han cumplido su objetivo, tras el derrocamiento del régimen y la muerte de Sadam Hussein, poco les importa el sufrimiento del pueblo iraquí.

   Cada día que pasa, la situación es más dramática: el caos y el miedo se apoderan de la población. Incluso uno de los sobrinos de Abbas nos muestra un fusil que ha comprado una vez finalizada la guerra: explica ante la cámara sus motivos: –La situación empeoró, hay muchos bandidos. Sin policía, la gente quedó obligada a comprar armas para defenderse. No hay policías que atrapen a los ladrones. Después de la guerra, Sadam liberó a todos los criminales que estaban en prisión, incluso a los condenados a muerte, eso aumentó el caos.  Un amigo fue a la policía a denunciar el asesinato de su padre, los policías de dijeron que no podían hacer nada.-

   En una urbanización a las afueras de Bagdad, Abbas graba a un grupo de vecinos, un hombre se muestra desesperado: a su espalda podemos ver reducida a escombros, lo que hace unas semanas era su casa. Nadie se explica por que los americanos dispararon sus misiles contra las casas de civiles. El hombre añade con indignación, que toda su familia tiene que dormir en una furgoneta: han perdido todo lo que tenían: –Juro que si veo a un americano, lo asesinaré-. concluye el hombre mordiendo con rabia sus palabras.

   No hay familia en Irak que no haya sufrido la pérdida violenta de alguno de sus miembros. Desgraciadamente la muerte también ha llamado a la puerta de los Fahdel: tres de sus jóvenes sobrinos que aparecen en el documental, morirán asesinados por pistoleros comunes.

En Julio de 2003, un año y media desde el comienzo de la grabación Abbas Fadhel, su sobrino Haidar muere de un disparo en el asiento trasero de un auto que conducía su padre. El director iraquí decide suspender la grabación del documental. Fue necesario que transcurrieran diez años, hasta que Fadhel pudiera ver las imágenes y retomar el proyecto.

   En el año 2015, el prestigioso festival francés “Vision du Réel”, incluye en su sección oficial el estreno mundial de “Homeland (Irak Year Zero)”. Un emocionado Abbas Fahdel recoge el máximo galardón del festival, además de una mención especial en la sección “Interreligious Prize”.

Homeland (Irak Year Zero)” continúa a día de hoy, su andadura en festivales y muestras de cine de todo el mundo. No me cabe la menor duda que el documental de Abbas Fahdel ocupará un puesto destacado en la historia del cine mundial. Tal parece que el destino quisiera reparar con la inmortalidad del documental, una deuda contraída con el sufrido pueblo iraquí: en una de sus secuencias, el director nos muestra el interior del edificio que albergaba todos los archivos históricos del cine y del documental iraquí: todo su patrimonio audiovisual está reducido a cenizas.

La invasión de Irak ha tenido unas consecuencias devastadoras no sólo para el pueblo iraquí: ISIS nació en una prisión estadounidense en el desierto de Irak, conocida con el nombre de Camp Bucca. Bush, Blair y Aznar, abrieron la caja de Pandora el 15 de Marzo de 2003, en la isla de las Azores. 17 años después, los líderes políticos de Occidente se muestran incapaces de cerrar la caja de todos los males: Elpis, el espíritu de la esperanza, está comenzando a perder la confianza de su virtud y amenaza seriamente con diluirse en el fondo de la maléfica caja creada por Zeus. A mí se me ocurre una idea, que aunque no reparará los daños, bien podría servir como un punto de inflexión: que Bush, Blair y Aznar, sean juzgados por crímenes de guerra ante el Tribunal de la Haya.

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