El viento sabe que vuelvo a casa –Chile (2016) José Luis Torres Leiva

José Luis Torres Leiva

Sinopsis oficial

El documentalista chileno Ignacio Agüero prepara su primer largometraje de ficción. A comienzos de los años 80, en la región de Chiloé, una joven pareja de novios desaparece en los bosques de la isla Meulín sin dejar rastro alguno. Todo un mito se creó en torno a esta misteriosa historia de amor trágico. Ignacio Agüero viajará al lugar de los hechos en busca de localizaciones, actores no profesionales, y para finalmente descubrir poco a poco el desarrollo de su película.

El cine de lo real

El cine para mí es una herramienta de transmisión del conocimiento; un arte de expresión, de reflexión y probablemente de huida. Es una ventana abierta al mundo más heterogéneo, un altavoz de voces diversas y realidades contrapuestas. Es una forma de mirar el pasado y de soñar el futuro. No establezco distinciones entre géneros, ni siquiera entre estructuras argumentales ficcionadas o reales. El documental utiliza elementos de ficción, y la ficción pretende ser el documental perfecto.

El viento sabe que vuelo a casa” cumple totalmente estas premisas: José luis Torres Leiva utiliza la ficción cómo una herramienta catalizadora de una realidad vigorosa y sincera que surge y llena la pantalla. Se sirve el director chileno (Santiago 1975) de una misteriosa historia sobre dos amantes obligados a huir de la isla de Meulín para perpetuar su amor, y de un director, Ignacio Agüero, para retratar el paisaje del archipiélago de Chiloé, y conocer la idiosincrasia de sus habitantes.

Ignacio Agüero

Ignacio Agüero se interpreta a sí mismo: bajo el pretexto de su búsqueda, habla con la gente de la isla y les pregunta acerca de la cotidianidad de sus vidas. Meulín tiene una frontera imaginaria: existe un arriba (San Francisco) y un abajo (El Tránsito), en uno habitan los mestizos y en otro los mapuches. Aunque la convivencia entre ambos ha ido cambiando, no queda lejano el tiempo donde era prácticamente imposible que se dieran relaciones de pareja entre mestizos y machupes. Esta discriminación queda de manifiesto en las charlas que Agüero mantiene con la gente de la isla: el pretexto de la ficción cobra vida, la huida de los amantes imaginarios que sirve de punto de partida, bien pudo haber sucedido en realidad.


Realizadas en espacios naturales y en el interior de las casas particulares de los entrevistados, las charlas con los isleños son una auténtica delicia: llenas de autenticidad y frescura. La búsqueda de Torres Leiva tiene el interés del antropólogo, la cámara se vuelve una herramienta para el estudio de las relaciones humanas y la descripción del entorno natural que lo rodea. Incluso el silencio tiene su importancia: oxigena el documental y nos deja tiempo para que la historia que se crea ante la mirada atenta del espectador, vaya adquiriendo una cohesión envolvente.


El viento sabe que vuelvo a casa” es un extraordinario ejemplo de cómo un documento de observación de lo local transciende hasta conventirse en universal. Nos interesa y nos conmueven las palabras de una mujer mapuche que se casó con un mestizo ante la oposición de su suegra, a la que después terminaría cuidando de anciana: la entrevista se realiza en un prado, separados ambos por una cerca que parece sugerir una metáfora de la división étnica de la que hablan. O cuando sentado en la cocina de una casa, Agüero conversa con una anciana mientras ésta amasa el pan: su conversación espontánea y sincera. La ilusión e inocencia de unas niñas que se presentan al casting para esa película que nunca se realizará, aportando unos impagables momentos de diversión.

   Jose Luis Torres Leiva se ha convertido por derecho propio, en uno de los cineastas más estimulantes del nuevo cine latinoamericano. Con una filmografía sólida y fecunda para su edad (41 años) : 8 largometrajes y numerosas pequeñas piezas, demuestra una vez más su eclecticismo y su inquietud artística, se mueve igual de bien en el documental, la ficción o en el más arriesgado cine experimental. El festival Márgenes, ha dedicado una amplia retrospectiva de su cine, en el que se ha incluido “El viento sabe que vuelvo a casa”. Si lees esta reseña, hoy 31 de diciembre de 2016, te quedan unas horas para disfrutar de ella en la web  Márgenes, donde se emite en abierto y de forma gratuita. Y si no, espera a que el viento la lleve a tu ciudad para disfrutarla en una gran pantalla de cine.

No os será difícil recordar su título: esta frase tomada prestada del libro de poesía “Crónica del forastero”, del también chileno Jorge Teillier, se queda grabada a fuego en la memoria del que la escucha, igual que la extraordinaria película de Torres Leiva. Yo la he visto tres veces y la disfruté cada vez más. Ahora con el año que se va, proliferan las listas con las mejores películas de 2016. “El viento sabe que vuelvo a casa” es una habitual en las listas de las mejores películas latinoamericanas.  Para mí, que no creo en las fronteras del cine, ni tampoco le doy demasiada importancia a las listas, si me exigieran un esfuerzo diría sin dudarlo que la cinta de Leiva, es una de las mejores que he visto este año.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *