Deseando amar (In the mood for love) Hong Kong (2000) Wong Kar-wai

wongkarwai

Wong Kar-wai

Un hombre se detiene ante un pequeño agujero abierto en una de las colosales paredes del templo de Angkor Wat (Camboya). Un viento ligero agita débilmente las telarañas adheridas a la piedra milenaria. El hombre pasa su dedo con devoción por la superficie del agujero: en realidad es un gesto vehemente, un ruego al dios Vishnú, una súplica de liberación de un dolor lacerante, por un amor que el destino no tuvo a bien conceder. El hombre aproxima su rostro circunspecto al agujero y humildemente exhala su imploración al corazón de la piedra. Un tapón de tierra y hierba sellará el secreto. En ese mismo instante, todo queda sometido al designio benevolente de Vishnú.

   Para aquellos que no habéis visto esta maravillosa película del director chino Wong Kar-wai, he de deciros que la descripción de la acción con la que comienzo esta reseña, no es parte de la sinopsis de “Deseando amar”. Tampoco corresponde a un acto del principio de la cinta. Es el final: así termina una de las mejores películas que ha dado la historia del séptimo arte.

In-the-Mood-for-Love-1   No temáis, no se puede destripar su final, porque el final nos lleva implícitamente al principio; porque “Deseando amar” llega a nuestro subconsciente para quedarse, para deshacerse y reinventarse una y mil veces, para ser degustada como la música más sublime o la poesía más excelsa. Olvidaros del convencionalismo de las estructuras del guión clásico: desarrollo, nudo y desenlace. Olvidaros incluso del guión, porque Wong Kar-wai rompe las páginas de todo lo escrito. No hay historia, porque no hay amor: hay deseo de amar y eso no es visualmente explícito, eso es un sentimiento que transciende y que llega muy adentro.

magiee

Maggie Cheung

   Cada vez que veo “Deseando amar” (¡ya he perdido la cuenta de las veces!) me imagino las palabras susurradas de Chow (Tony Leung) tamizándose por los oscuros intersticios de las piedras de Angkor Wat; filtrándose como agua subterránea por la angostura del templo, hasta que consiguen salvar todos los obstáculos, y embarcadas en un viento nuevo, viajar a través del espacio y del tiempo. Vuelven a cobrar vida los callejones estrechos de aquel Hong Kong de los sesenta, el colorido de los Qipaos entallados en el escultural cuerpo de Li-zhen (Maggie Cheung). La danza del deseo a cada paso suyo, el tiempo ralentizado para el disfrute voluptuoso de nuestros ojos, las miradas tímidas de Chow en los encuentros casuales: un hombre y una mujer que desean amar con toda locura, con toda la pasión con la que un hombre y una mujer pueden amar.

   La música que los acompaña en este baile de deseo, es mucho más que un puente que los une, que un camino en el que convergen; es el aire que respiran y el viento que los lleva, es la catarsis del amor necesario pero a la vez, es la disyunción de un destino cruel e inexorable. Es también la lluvia que los junta en los pequeños aleros de los edificios, mientras la noche cae mansamente sobre la ciudad. Como un mantra espiritual, las notas lánguidas del violín de Yumeji´s Theme, nos arrullan y nos llevan por una catarata de sentimientos llenos dellosdose melancolía. También es color esa bendita música: son rojos, verdes, azules, naranjas…

   La estrecha colaboración que se establece entre Wong Kar-wai y su director de fotografía, el australiano Chirstopher Doyle, tiene en la música su principal exponente. No utiliza el guión, tan sólo una somera explicación del argumento: el director chino le pone la música que utilizará en la película y le pide al operador que la cámara baile a su ritmo. ¡Y vaya si bailan! ¡Que ballet, amigos míos! Todas las imágenes son magistrales lienzos poliédricos sobre los que gravitan los personajes. ¡Belleza visual hasta el paroxismo! Creerme si os digo que no caigo en una exageración al describirlo así, es honesto reconocimiento al arte cinematográfico más sublime que se puede ver en una pantalla de cine.

   La ausencia de un guión inicial conduce a los actores por un desconcierto: no tienen donde agarrarse para componer previamente sus personajes. Wong Kar-wai les confiere una libertad absoluta, confía plenamente en ellos, por que ellos son los que tienen que crear la vida de los personajes. Maggie Cheung y Tony Leung están acostumbrados a esta particular forma de trabajar del director chino: ambos son habituales en sus repartos. A pesar de ello, Maggie Cheung reconoció en una entrevista que no tenía ni idea de que iba “Deseando amar” hasta que la vio el día de su estreno en Hong Kong.

juego espejos   A la vista de los resultados de sus interpretaciones, se entiende que los dos actores protagonistas no tengan el menor recato de elevar a los altares al director. No se puede estar mejor, es imposible concebir unos personajes más magistrales que los que nos brindan Meggie y Tony Leung. Wong Kar-wai les ha servido el vino de la inmortalidad en un copa de oro, y ellos han bebido hasta la última gota.

   Faltaba una semana para su premier mundial en Cannes 2000, cuando el director chino dio por terminado el montaje. Los organizadores del festival ya estaban de los nervios ante los continuos retrasos en el envío de la cinta. En el catálogo del festival aparece insólitamente una película sin título. Tan absorto estaba el director en el final de montaje que no había ni siquiera reparado en el título de la película. Días antes de terminar la posproducción, cae en sus manos un disco de Brian Ferry: “As time goes by”. El cuarto tema del disco se titula “I’m in the Mood for Love”. Al fin tiene un título para la película.

8   En numerosas entrevistas Kar-wai reconoce que si no fuera por los compromisos que adquiere con los festivales para el estreno de sus películas, continuaría con el proceso de montaje indefinidamente. “Deseando amar” se llevó dos premios en Cannes: uno a la calidad técnica y otro al mejor actor para Tony Leung. El 29 de septiembre de 2000 la película inició su carrera comercial. El estreno, como no podría ser de otra forma, tuvo lugar en Hong Kong. No tardó el mundo en sucumbir al encanto de esta maravilla. Una lluvia de premios y nominaciones cayó sobre la película. Es la consagración definitiva de Wong Kar-wai:Deseando amar” le convierte en un director de culto; respetado por público, crítica y colegas de profesión.

   Termino esta reseña con dos textos que aparecen sobreexpuestos en la película: uno al principio como prólogo, y otro al final, como epílogo. En ellos considero que reside de una forma explícita, la verdadera esencia y el espíritu del film. Los que aún no la hayan visto, corred sin perder más tiempo a comprar su DVD: vuestra vida de cinéfilos estará incompleta hasta que “Deseando amar”, no forme parte de vuestra vida.

   “Fue un momento de inquietud. Ella, tímida, inclinaba la cabeza para que el se acercase. Pero a él le faltaba valor. Ella dio media vuelta y se alejo”.

7   “Él recuerda esa época pasada como si mirase a través de un cristal cubierto de polvo. El pasado es algo que se puede ver, pero no tocar. Y cuando se ve está borroso y confuso”.

2 comentarios

  1. Las canciones de Nat King Cole que forman parte de la banda sonora, cobran más sentido si conocemos que fue Nat quien popularizó un tema que fue objeto de muchas versiones luego: “I’m in the mood for love”.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *