Corn Island (Simindis kundzuli) Georgia (2014) George Ovashvili

director

George Ovashvili

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Río Enguri

Corn Island (Isla de maíz)

Envuelta en las primeras luces del alba, una rústica canoa navega sigilosa por las tranquilas aguas del río Enguri. Una niebla baja y densa, desdibuja las riberas frondosas de este río que sirve de frontera natural entre Georgia y Abjasia. Un sonido heterogéneo y envolvente lo ocupa todo: escuchamos cada golpe de remo, cada gota de agua desplazada, el viento que va y viene azuzando la foresta, el canto crepuscular de los pájaros, el silencio. Pero la atención del viejo que desplaza la canoa está centrada en una búsqueda. Pasadas las lluvias torrenciales de la primavera, cuando baja el caudal de las aguas, la corriente deposita su sedimento terroso en las zonas menos deprimidas del río, formando fértiles islas. Si la tierra es suficientemente estable y los estratos propicios, se convertirán en extraordinarios campos para el cultivo del maíz.

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Corn Island

   El viejo campesino pone sus pies en la isla, comprueba su densidad con sus pisadas. Sus pasos sirven también para medir su extensión y calcular la cosecha, si el tiempo y la guerra que se debate en las dos orillas no lo impiden. Examina la tierra con sus manos para evaluar su humedad, incluso se la lleva a la boca para probarla. Un pañuelo blanco anudado a un palo a modo de mástil, indica a los demás campesinos que aquella isla ya tiene quien la trabaje. Regresará pronto con las herramientas para construir una cabaña donde pasar los tres meses hasta la recogida de la cosecha. No puede entretenerse, el tiempo es justo, llegarán las lluvias del otoño y la crecida del río desgarrará la isla hasta que no quede nada. Su nieta adolescente será su única ayuda, su única compañía.

Una isla entre la guerra

   Siento cierto rechazo por los epítetos grandilocuentes, por la adjetivación excesiva y rimbombante. Calificar una película como “obra de arte”, siempre me pareció más, una opinión sentenciosa   por parte de quién la emite, que un acto de justicia crítica; como si uno tuviera la facultad, el juicio y la razón eminente, para determinar lo que es arte y lo que no lo es. Por que ocurre, y más veces de lo que a uno le gustaría reconocer, que lo que para mí es una obra de arte, para ti puede ser un churro pringoso de aceite. Ya lo decía un buen amigo mío: “ los caminos del arte son inescrutables”.

   Pero cuando uno se encuentra, además sin pretenderlo, con una película como “Corn Island”, toda la charla anterior queda anulada, invalidada, prescindida. Hay que gritarlo muy alto, “Corn Island” no es una obra de arte, es una genialidad absoluta.

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Corn Island

George Ovashvili sitúa la acción en una de las épocas más dolorosas de la historia contemporánea de su país, la fratricida guerra que entre 1992 y 1993, Georgia mantuvo con la provincia secesionista de Abjasia, y que produjo más de 10.000 muertos y 300.000 exiliados. Pero “Corn Island“ no es una película política, los enfrentamientos armados se producen siempre fuera de campo: escuchamos en off los disparos cercanos, vemos los soldados de ambos bandos cruzando en lanchas rápidas, observando al viejo campesino, pero respetando su esforzado trabajo. La isla se convierte en una metáfora de la libertad que ansían todas las víctimas inocentes de todos las guerras: los civiles que sólo quieren seguir con su humilde vida. El director georgiano pone su énfasis en el respeto absoluto a la naturaleza: los ciclos   de la vida y de la muerte están presentes en su discurso, la regeneración necesaria para que todo cambie y todo continúe como en el principio. Su mirada es claramente minimalista, el hombre sólo es un grano de maíz a merced de la voluntad inexorable de la naturaleza.

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Corn Island

Corn Island” podría pasar perfectamente por un documental de alto valor etnográfico, ya que muestra con todo lujo de detalles, la cotidianidad del hombre en un entorno natural tan extremo. Le acompañamos en la búsqueda de la isla, en la construcción de la cabaña, le vemos trabajar la tierra y esparcir la simiente; vemos crecer el maíz y luchar al hombre contra las adversidades de la naturaleza.

George Ovashvili ha sabido rodearse de importantes compañeros de aventura: la elección de sus dos protagonistas, Ilyas Salman y Mariam Buturishvili, ha sido acertadísima, los dos están sobresalientes. Para la dirección fotográfica contó con el húngaro Elemér Ragályi (ganador de un Emmy por la serie rusa Rasputín) y el resultado es sublime: se queda uno en trance contemplando imágenes tan bellas. Para terminar con los detalles técnicos, quiero, más que hacer mención, rendir un reconocimiento de pleitesía absoluto, al trío de sonidistas que formaron: Johannes Doberenz, Marc Nouyrigat y Frédéric Théry.  A la siempre difícil tarea de grabar en escenarios naturales, se añadía la responsabilidad de asumir completamente el protagonismo sonoro, ya que la banda de diálogos es mínima. El resultado es un traslado metafísico a las riberas del Enguri, porque amigos, uno tiene la sensación de estar imbuido en plena naturaleza: sencillamente genial.

   El peso interpretativo de “Corn Island” recae fundamente sobre los hombros de dos actores: el turco Ilyas Salman, y la joven Mariam Buturishvili. Jamás llegaremos a saber el nombre de los personajes, apenas cruzan cuatro palabras en la película: tampoco se echan en falta los diálogos, los mensajes llegan con suficiencia y de forma natural al espectador. La interpretación se basó en la contención, en la mínima gestualidad, en la introspección de las miradas.

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Ilyas Salman

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Mariam Buturishvili

   No lo tuvo fácil George Ovashvili para dar con la actriz que había idealizado para protagonizar la película. Hicieron varios casting, se entrevistaron con cientos de chicas, pero ninguna convencía al director georgiano. Fue la casualidad la que trajo finalmente la solución: un amigo suyo encontró accidentalmente la foto de Mariam en Internet y sin dudarlo se la reenvió. Cuando Ovashvili la vio supo que al fin había encontrado a su protagonista. No les resultó fácil dar con ella, no sabían su nombre ni su domicilio. Incluso recurrieron a los Ministerios de Interior y Educación para que les ayudaran en su búsqueda. El empeño resultó inútil. Tuvo que aparecer nuevamente la casualidad para dar con la joven: volvieron a encontrar otra foto suya en Internet y localizaron al fotógrafo. El retrato se había realizado en el patio de una escuela situada en una zona de conflicto armado. Viajaron a la zona y lograron convencer a la chica para que participara en la película.

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Mariam Buturishvili

George Ovashvili, nació en Tiblisi (Georgia) en 1963. Con su primera película “The Other Bank” ya había encandilado a la crítica internacional, cosechando prestigiosos premios en festivales de todo el mundo. “Corn Island” es su segundo largometraje. La academia del cine de Georgia la seleccionó para representar al país en los Oscar 2015. Se da la curiosa circunstancia, de que una de sus “adversarias” en la lucha por la estatuilla, era “Mandarinas” (de la que ya hablamos en “Elcinepormontera”), una producción estonia dirigida por el también georgiano Zaza Urushadze. Comparten además tema y geografía: las dos centran su atención en la guerra que en 1992 mantuvieron Georgia y Abjasia, y las dos fueron localizadas en la zona occidental del Cáucaso. “Mandarinas” logró colarse entre las cinco finalistas, pero eso ya es otra película.

 

 

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