Citizenfour (2014) EEUU -Laura Poitras Documental

Laura

Laura Poitras

Citizenfour contraportada

   A través de un cámara en movimiento, circulamos por el interior de un túnel tan largo como profundamente oscuro. Tan sólo una delgada línea blanca, oblicua e intermitente, desciende desde parte superior de la imagen hasta el centro del plano. Escuchamos tenuemente el sonido cadente del motor del vehículo. La voz de una mujer irrumpe en la escena: con un tono íntimo, misterioso e inquietante, comienza la narración de un mensaje cifrado que ha recibido de una fuente anónima:

   -“Laura, en este momento no puedo ofrecerte nada más que mi palabra. Soy un empleado del gobierno de alto nivel en la comunidad de inteligencia. Espero que comprendas que contactar conmigo es extremadamente peligroso y que estás dispuesta a aceptar las siguientes precauciones antes de compartir más. No será una perdida de tiempo. Lo siguiente puede parecer complejo pero só
lo debería de llevar unos minutos comprobarlo a alguien con conocimientos informáticos. Me gustaría confirmar, fuera del correo electrónico, que las claves que intercambiamos no fueron interceptadas y reemplazadas por tus supervisores. Por favor, confirma que nunca nadie ha tenido una copia de tu clave privada y que esta usa una frase de contraseña segura. Ten en cuenta que tu adversario es capaz de conjeturar un billón de veces por segundo. Si el dispositivo en que almacenas la clave privada e introduces tu contraseña ha sido hackeado, nuestras comunicaciones serán descifradas. Comprende que los pasos anteriores no son a prueba de balas, y son destinados sólo a darnos un respiro. Al final, si publicas la fuente material, yo probablemente seré implicado de forma inmediata. Esto no debe disuadirte de emitir la información que te proporcionaré. Gracias y ten cuidado
. CITIZENFOUR”-.

NSADesgraciadamente no estamos ante una cinta política de ficción distópica, tipo “1984”, “Metrópolis” o “Gatacca”. Tampoco es una nueva serie de espionaje, nacida de las plumas prolíficas de John Le Carre o de Frederick Forsyth. Lo que la directora norteamericana Laura Poitras nos desvela en su documental “Citizenfour”,  es el atentado a los derechos fundamentales más abyecto que un gobierno democrático ha cometido contra sus ciudadanos. Y no, no hablamos de estados totalitarios liderados por despóticos dictadores, no. Estamos hablando de del país que más presume de libertad, los EEUU de América.

   Durante más de cuatro meses Laura Poitras estuvo recibiendo mensajes encriptados de “Citizenfour”. En ellos, el anónimo informante iba añadiendo datos y aportando pruebas sobre el espionaje masivo de la NSA (Agencia de Seguridad Nacional) norteamericana. En un correo electrónico de febrero de 2013, “Citizenfour” dice conocer cuales son las empresas de telecomunicaciones más grandes de los EEUU que suministran los datos a la NSA, traicionando la intimidad de sus clientes. Tiene pruebas: –“Estamos construyendo la mayor arma de opresión en la historia del hombre. Sin embargo, sus directores se eximen de responsabilidad. El director de la NSA, Keith Alexander mintió al Congreso, puedo probarlo. Miles de millones de comunicaciones de Estados Unidos están siendo interceptadas. En la recopilación de pruebas de irregularidades, me he centrado en el maltratado pueblo estadounidense, pero créeme cuando te digo que la vigilancia bajo la que vivimos es un privilegio en comparación a como tratamos al resto del mundo”-.

 

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William Binney

Tras los atentados del 11S, la NSA, pone en marcha un sistema de espionaje total. Su escusa es el control y la detección de futuras acciones terroristas. Sin embargo, se ha demostrado que aprovechando los medios, como quién no quiere la cosa, también se ha producido espionaje económico, diplomático y se han aplicado técnicas de propaganda, como la difusión en Internet de material engañoso o de ingeniería social. Para ello no escatimaron ni medios ni gastos. En la ciudad Bluffdale, estado de Utah, el gobierno construyó un sofisticado edificio en el que alberga su gran sede de espionaje. Ingenieros informáticos, estadistas, programadores criptógrafos, operadores de polígrafos, expertos en radio frecuencia, programadores y hackers, operadores de puestos de escucha, y un largo etcétera de profesionales de máxima cualificación, trabajan sin descanso para este “Gran Hermano”. Según William Binney, ex director técnico de la NSA, declaró en el parlamento alemán, que al principio se trataba solamente de reunir datos de grupos sospechosos de terrorismo o crímenes: “Pero nos fuimos alejando de la recopilación de estos datos para acabar juntando los datos de 7.000 millones de personas sobre el planeta. Es una máquina totalitaria equiparable a una dictadura“. Terminó comparando el Gobierno de EE.UU. con el Tercer Reich.

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Edward Snowden y Glenn Greenwald

En abril de 2013, Laura Poitras y Citizenfour llegan a un acuerdo: se entrevistaran secretamente en un hotel de la ciudad estado de Hong Kong. El informante recomienda a la directora que se ponga en contacto con el abogado constitucionalista y periodista estadounidense Glenn Greenwald, y le proponga asistir al encuentro. El periodista y jefe de investigación del diario “The Guardian”  Ewen MacAskill se incorporará al equipo el segundo día de la entrevista. MacAskill tenía cierta reticencia ante el informante y dudaba de la veracidad de sus declaraciones.

   Finalmente, el 3 de junio de 2013, después de que Laura Poitras encontrara la mejor ubicación para su cámara y anunciara el esperado: ¡grabando!, Glenn Greenwald comienza su entrevista con un joven de 29 años: alto, delgado, de gestos pausados, mirada serena, y una tranquilidad desconcertante. Su nombre, Edward Snowden, alias Citizenfour. Tres días después de la primera de las ocho entrevistas que mantuvieron son Snowden, “The Guardian”, preservando aun la identidad del joven, lanzaba “la bomba atómica”. La repercusión fue tan extraordinaria que el mundo entero se puso patas arriba.

Edward Snowden, ex técnico de la NSA y de la CIA, empleado en aquel momento de la empresa Booz Allen Hamilton, subcontratada por la NSA, había tenido mucho tiempo para pensar lo que le vendría encima después de que su información se filtrara a los medios de comunicación. Muchos se preguntan que necesidad tenía un joven con un pasado y un presente aun más brillante, de complicarse la vida de esa manera. Snowden vivía en Hawái, tenía una pareja estable con la llevaba diez años de relación, y ganaba unos 200.000 dólares al año. El mismo lo explica en un momento de la entrevista: -“Estoy dispuesto a correr el riesgo de ser encarcelado, o de algo aún peor… estoy dispuesto a no ceder ante la restricción de mi libertad intelectual y de los que me rodean. Me siento satisfecho sabiendo que mi acción puede contribuir al bien de los demás”-.

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   Laura Poitras ya había demostrado en sus anteriores documentales, “My country, my country (2007)” y “The Oath (2010)”, lo extraordinaria y valiente directora que es. No le tiembla el pulso a la hora de denunciar los abusos y atropellos de la política exterior de su país y de sus miserias internas. En “My country, my country” retrataba la vida de los iraquíes bajo la ocupación estadounidense. Le valió una nominación a los Oscar. En “The Oath” rodado en Yemen y en Guantánamo, cuenta la historia de Abu Jandal, que había sido guardaespaldas de Osama Bin Laden, y de Salim Hamdan, prisionero en Guantánamo y primer hombre sometido a los controvertidos tribunales militares. “Citizenfour” le ha dado un Pulitzer, compartido con Glenn Greenwald, y en el pasado mes de febrero, el Oscar al mejor documental. Estos son tan sólo dos menciones de los 40 premios y 16 nominaciones que lleva conseguidos.

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Laura Poitras y Glenn Greenwald

   A pesar de contar con un material tan extraordinario como el que Snowden le suministró a la directora norteamericana, no era tarea fácil encontrar la forma adecuada de trasladarlo a la pantalla. Existía el riesgo de caer sin pretenderlo en el sensacionalismo. Además están las cuestiones técnicas y el críptico lenguaje informático, tan incomprensible para tantos que aun andamos por la vida sin llegar ni siquiera a imaginar, que demonios es un bit o un metadato.

Laura Poitras consigue establecer un magnífico equilibrio argumental entre las dos cuestiones esenciales del documental: por una parte la revelación del espionaje masivo y su repercusión mundial, y por otro lado, la figura del joven confidente Edward Snowden. Acierta plenamente al dotar de mayor transcendencia a la primera cuestión, sin duda más relevante, y eximir de un protagonismo excesivo a Snowden. Bien es cierto que durante la entrevista es el propio Edward quién advierte, que particularmente se considera un personaje secundario de la historia, lo importante es la denuncia.

 Desde el primer momento el documental adquiere un tono de confidencia personal. La voz de Laura es un susurro al oído, es la cautela, es una amiga que nos alerta de un terrible peligro que nos acecha. El documental avanza con un ritmo medido, sin altibajos ni trepidaciones. Extraordinaria la factura técnica, donde el arte del mejor cine y el interés del mejor reportaje, se fusionan y adquieren una plenitud pocas veces vistas en el genero documental. El interés envuelve al espectador y le convierte en una víctima más, y no precisamente en defecto de daño colateral: uno empieza a pensar que algo de su vida anda almacenado en esas mefistofélicas cárceles de la libertad. ¿Quién que ande por este mundo desconcertante de internet, no ha utilizado Google, no tiene Facebook, Gmail, Skype, Hotmail… o no ha comprado algo a través de la red? ¿Queda alguien en el planeta sin un teléfono móvil cosido a la mano?

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Y para terminar un poco de memoria

 A principios de los sesenta del siglo pasado, en plena guerra fría, los EEUU, ante el temor de un ataque soviético, desarrollan una red de comunicaciones con fines exclusivamente militares. El sistema garantizaba el acceso a la información logística desde cualquier punto del país. La red se llamó ARPANET. Estamos ante el inicio de lo que hoy conocemos como Internet. En los cincuenta años que han transcurrido desde entonces, el avance de esa tecnología ha transformado no sólo el concepto de la información y de las comunicaciones sociales. Internet se ha convertido en nuestro mejor amigo; se ha colado en nuestras casas, se ha sentado en el sillón favorito de nuestro gato, ha devuelto nuestros libros a las estanterías, nos ha implantado en la orejas auriculares con toda la música del mundo gratis, todo el cine del mundo a un clic, toda la información para que nos ilustremos como catedráticos… incluso, se ha acurrucado en nuestra cama y vigila nuestro sueño con su inquietante ojo de cíclope.

 Todo pasa y todo queda en esa inmensa red de redes: nuestros datos personales, currículum, historial médico, cuentas bancarias, movimientos vía GPS, amistades, gustos, ideología, placeres y aversiones. Si un grupo de expertos sociólogos analizasen la interactividad de una persona con una presencia y actividad media en cualquier grupo de redes sociales, podría llegar a determinar con escaso margen de error, como somos y como reaccionaríamos en las más heterogéneas situaciones. Hemos entrado en el laberinto de Dédalo sin procurarnos un hilo de Ariadna que nos muestre la salida. El minotauro aguarda pacientemente para devorarnos. Aunque tal vez, exista una mínima posibilidad de huida. Edward Snowden nos señala con el dedo la luna: por favor… ¡no miremos el dedo!

 El día 27 de marzo está anunciado el estreno en los cines de España de “Citizenfour”. Por favor, ir a verla. Si alguien de vosotros no está acostumbrado a ver documentales en el cine, esta es una magnífica ocasión de comenzar a hacerlo. Y si eres de los que no te gustan los documentales, haz una excepción: imagina un médico que te prescribe una vacuna contra una terrible enfermedad. Nuestra libertad está en juego. Por lo menos, estamos en la obligación de saberlo.

 

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