Cemetery of splendour –Tailandia (2015) Apichatpong Weerasethakul

dirigiendo

Apichatpong Weerasethakul

   Apichatpong Weerasethakul fue el invitado de honor del Festival Internacional de Cine de Gijón 2016 (FICX53). A parte de una amplia retrospectiva de su obra, el festival editó un libro titulado “Decostruyendo a Apichatpong Weerasethakul”. Generoso por la deferencia y el reconocimiento, el cineasta tailandés impartió una masterclass gratuita, participó en numerosos encuentros con el público, y concedió todas las entrevistas que le solicitaban. Se mostraba tan contento que no dejaba de repetir: “Gijón es absolutamente fantástico; es un punto muy brillante en mi carrera. Gijón me permite recuperar la libertad. El lenguaje del cine es universal y en ese sentido Gijón es un perfecto reflejo de esa libertad”. Sus palabras hacen una clara referencia al momento político actual en el que se encuentra sumida Tailandia, gobernada por una junta militar después del golpe de estado de 2014.

   Durante la presentación de “Cemetery of splendour”,  Weerasethakul hizo tímidamente una sugerencia a aquellos espectadores que se acercaban por primera vez a su cine: -“Les recomiendo que se dejen llevar, olvídense de las reglas del cine comercial, imaginen que asisten por primera vez a una proyección cinematográfica. No me molestaría que incluso se durmieran, en serio, tal vez un estado alternado de somnolencia y vigilia sea la forma más natural de ver la película: asociar los sueños con la realidad resultaría una experiencia fantástica”-.

  luces verdes neon Lo que inicialmente pensábamos que era una broma, o tal vez una ironía por parte del director tailandés, concluida la proyección, uno no puede estar más de acuerdo con su recomendación. No, no es que “Cemetery of splendour” nos induzca al sueño, es que la cinta de Apichatpong nos sumerge en una sugerente historia donde un misterioso estado de narcolepsia afecta gravemente a un grupo de soldados. Recluidos en un humilde hospital de Khon Kaen, noroeste de Tailandia, los jóvenes durmientes permanecen conectados a unas máquinas iluminadas con unas cambiantes luces fosforescentes, con las que intentan los médicos procurarles sueños reparadores.

   Jenjira es una voluntaria que acude diariamente para asistir a Itt, un joven soldado que nunca ha recibido la visita de algún miembro de su familia. Jenjira entabla una relación de amistad con Keng, una médium que ayuda a las familias a ponerse en contacto con los enfermos. Por medio de sus poderes psíquicos consigue que el joven soldado y la voluntaria establezcan un vínculo espiritual y afectivo: el soldado “despierta” ocasionalmente de su letargo y sale de paseo con Jenjira.   Un día, la mujer encuentra entre las pertenencias de Itt, un diario lleno de mensajes crípticos y extraños dibujos. ¿Y si aquel cuaderno contuviera algún tipo de explicación sobre la enigmática enfermedad de los soldados?.

Cemetery_of_Splendour_4   En el santuario de las dos diosas hermanas, originarias de Laos, Jenjira reza unas plegarias por Itt, dejando seguidamente unas ofrendas frente al altar. Terminadas sus imploraciones, la mujer busca la tranquilidad de un parque cercano. Allí se encuentra con dos jóvenes mujeres con las que comparte generosamente su bolsa de fruta. En realidad se trata de las dos diosas a las que ella rezó. Tras una conversación sencilla y tranquila, las diosas le revelan la causa de la enfermedad de los soldados: el hospital en el que se encuentran ingresados ha sido construido sobre un antiguo cementerio de reyes que lucharon por la supremacía de la ciudad de Khon Kaen. Los espíritus de los muertos están absorbiendo la energía de los soldados.medium-001

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   Un día le pregunté al gran director de cine asturiano Gonzalo Suárez, cómo llevaba esa etiqueta de cineasta inclasificable con el que la crítica española recurría machaconamente a la hora de hablar de sus películas. –Con mucho orgullo -. Me dijo esbozando una sonrisa tan sincera como burlona. –Es todo un honor pertenecer a esta estirpe de cineastas libres, de obra y de pensamiento. La mayor parte de los críticos, al igual que el público, dicen que acuden a una sala de cine con la sana intención de que una película les sorprenda. Pero no es verdad, si les sorprendes les desconciertas, y si los desconciertas se sienten angustiados. Los códigos del cine comercial están tan fuertemente establecidos, que el espectador aunque no lo sepa, siempre quiere ver lo mismo y contado de la misma forma-.

    Apichatpong Weerasethakul, pertenece a esa estirpe de indomables cineastas que entienden y utilizan el cine como una forma inalienable de expresión artística. Para ello necesitan hacer uso de la libertad absoluta de pensamiento y de acción. No cuestionan ni desprecian otro tipo de cine, todo lo contrario, lo consideran necesario: pero ellos están en otra órbita.

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Apichatpong Weerasethakul

   Hijo de padres médicos, Apichatpong nunca se cansa de agradecerles la educación que ha recibido, basada en la libertad, en el respeto y en el apoyo generoso. Se graduó en arquitectura en Tailandia y después se fue a Chicago a estudiar artes visuales. Con el título bajo el brazo regresó a Tailandia donde comenzó la producción de la que sería su primera película: Mysterious Object at Noon (2000). Los festivales internacionales comenzaron a fijarse en el cine libre y original de un joven (30 años por aquel entonces) y desconocido tailandés  que se atrevía a saltarse las reglas del convencionalismo cinematográfico. Sin guión previo, sin ideario ni argumento, utilizando recursos propios del documental, de la ficción y del cine experimental, Weerasethakul recorre buena parte de Tailandia proponiendo a la gente con la que se va encontrando, que le cuenten una historia, real o ficticia, no importa. El director reconoce que no sabía muy bien adonde le llevaría aquel experimento, lo que sí tenía muy claro era la necesidad de buscar una forma personal de expresión artística.

   Sólo tardó 10 años en levantar la Palma de Oro en el festival de Cannes (2010), con la maravillosa: “Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas”. Apichatpong Weerasethakul es reconocido por parte de la crítica especializada, como uno de los directores más vanguardista del panorama cinematográfico mundial.esqueletos

   “Cemetery of splendour” es un perfecto ejemplo de la poliédrica naturaleza argumental con la que el director tailandés diseña sus estructuras narrativas. El enigmático mundo espiritual: un universo habitado por fantasmas que se sientan a la mesa de los humanos y hablan de lo humano y de lo divino. Apichatpong bebe de las fuentes de la tradición popular tailandesa y del misticismo animista, y lo hace sin un ápice de dogmatismo: huye de las pretensiones discursivas y moralizantes. Tal vez, y esto es una opinión mía, su cine sea un debate intelectual interno entre la atávica herencia religiosa recibida (que aun sigue impregnando la sociedad asiática actual), y las nuevas formas del pensamiento filosófico contemporáneo. El director respeta las tradiciones de ese universo espiritual y las humaniza: trata con la misma condescendencia a los hombres que a los dioses.

   A la vista de lo escrito en esta reseña, el lector habrá comprendido que su cine no está dirigido a una audiencia masiva: no son pocos los espectadores que se aburren con sus largos planos delectativos, que no entienden absolutamente nada del argumento propuesto; incluso hay populares críticos de cine que escriben, y cito textualmente: -“…otra colitis mental con el venerado y plúmbeo estilo de la casa”– (crítica referida a la película: Tío Boonmee recuerda sus vidas pasadas).

neon rojo-001   Yo, como siento debilidad por el director tailandés, me quedo con la opinión de Peter Bradshaw, crítico The Guardian , que en su reseña sobre  “Cementerio de esplendor” escribió: –Es una película extraña a su manera, más extraña aún si usted no está acostumbrado a la obra de Weerasethakul. Pero hay algo sublime en él-.

   De cualquier forma, la opinión verdaderamente válida es la de cada espectador. Si no conoces el cine de Weerasethakul te recomiendo que veas “Cemetery of splendour. Si no te gusta, sólo habrás perdido 122 minutos de tu vida. Si por el contrario te gusta, te sumarás sin dudarlo a la lista de los que contamos los días que restan para el estreno de su última película.

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